miércoles, 22 de junio de 2016

Yo soy Millennial

La semana pasada, ojeando la prensa, reparé en un artículo sobre los Millennials. El término lo acuñaron algunos 'gurús' con tiempo libre para designar a esa generación que ha nacido entre los 80 y los 90. Chicos y chicas que alcanzaron su edad adulta con el cambio de milenio y a quienes consideran impacientes, malcriados y excesivamente formados. Un carácter forjado en una prosperidad económica ficticia que ahora les pasa factura con falta de acomodo en la sociedad. No me quedé con el nombre del tipo que firmaba aquella basura. Fruncí el ceño, cerré el periódico y seguí a lo mío. Hace unos días volví a tropezar con la palabra, usada de forma igualmente despectiva por un 'sociólogo' en un programa de tres al cuarto. Hablaba de chavales consumistas y arrogantes que todavía creían en los unicornios.

Nací en 1986 y alcancé la mayoría de edad en el 2004. Yo soy Millennial.

Se me dijo que para forjar mi futuro tenía que estudiar. Cuanto más estudies, mejor te irá. Decían. Estudié. Aprobé selectividad, me licencié en periodismo y terminé un máster. Necesitas experiencia laboral. Dijeron. Pasé tres años siendo 'prácticas' para conseguir un contrato en la frontera de lo decente. Ni que decir tiene que ese tiempo no fue de formación. Desde el primer día se me exigió como a cualquiera. Eso sí, a precio lowcost. Escuché cosas por la calle. Cómo son estos jóvenes, ahora pretenden ganar mil euros en su primer empleo. Sonrisilla condescendiente y ojos al cielo. Señora, 1.000 euros no los gano hoy, seis años y tres puestos después. ¿Impaciente?

Hace más de un año que compagino dos trabajos. Lo hago en dos ciudades diferentes y los horarios son rayando lo incompatible. Uno de ellos me priva de los fines de semana. De todos los fines de semana. Al otro llego muerta los miércoles. Tienen horario de oficina, pero nunca salgo el día anterior antes de las 22.00, sin cenar y tengo una hora de coche antes de poder meterme en la cama. No soy una adicta al trabajo, lo hago para poder llegar a final de mes. Y sí, reconozco que cuando veo mi nómina me gustaría creer en los unicornios.

Tener una colección de títulos y formación, no es lo mismo. Eso no lo saben porque, a pesar de que no son de la generación que han bautizado con tantísima inquina, a ellos también les sobran de los primeros y les falta de la segunda. No estamos excesivamente formados porque se han encargado de corromper a conciencia nuestro sistema educativo. Lo suficiente al menos para anteponer el lucro al aprendizaje. Y el resultado es deprimente. Desde aquí les animo a buscar a esos Millenials de los que hablan y hacerles un par de preguntas de cultura general, a ver qué pasa.

Primero nos llamaron Ni-nis. Ahora Millennials. A mí me gustaría que los que dedican tantas horas a buscar nombres ingeniosos para ridiculizar a una generación entera empleasen ese tiempo en pensar cómo reconducir una situación que ellos mismos provocaron. ¿Arrogancia? Puede, pero que se pregunten primero quién pagará sus pensiones.


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