domingo, 1 de marzo de 2015

Adiós, presidente

Todos los medios españoles coinciden hoy en asegurar que con la marcha de José Mujica se va uno de los hombres más carismáticos  que ha presidido nunca Uruguay. Llamar al pan, pan y al vino, vino le ha costado, además, que en los artículos que cubren su marcha –especialmente en la prensa más conservadora- se refleje el desconcierto: «Luces y sombras» titula El Mundo, «la larga sombra de Mujica», apostilla La Razón. Esa falta de luz para el Abc son «excentricidades».

No cumplió su programa y no le da miedo reconocerlo. Redujo el paro y aumentó los índices de escolaridad del país, sus dos grandes batallas. No pudo aligerar el peso de la Administración pública, como pretendía y tampoco acabar con el narcotráfico, aunque apuesto que la legalización de la marihuana fue un palo bien dado. Llamó la atención por su austeridad y por decir siempre lo que pensaba, para horror de su propio equipo de Gobierno.

Estamos tan hechos a la falta de líderes que cuando se nos presenta uno delante nos aterroriza. Nos desordena. «No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad», un tipo que dice eso no puede ser de fiar. ¿No nos llevan enseñando toda la vida que el materialismo es el camino de los libres? Todos sabemos que uno es más soberano con el iPhone 6 plus en la mano. De locos.

Mientras espero en un bar a que me sirvan una ración de callos, un canal de televisión pasa un resumen de imágenes de los cinco años del presidente uruguayo. Observo las caras a mi alrededor. Muchos asienten y algunos sonríen con esa expresión de suficiencia con la que mirarían a un perro que les devuelve, educado, la pelota. A mi izquierda un hombre de mediana edad entorna los ojos en un gesto casi imperceptible. Juraría que está frunciendo el entrecejo levemente. Adivino lo que piensa: «populismo, populismo, populismo», repite para sí como un mantra.

Salgo del bar dándole vueltas a la idea de que hacer pensar e intentar adoctrinar son dos formas diferentes de dirigir un país. En la calle, dos chavales de 8 o 9 años posan divertidos. Van a salir juntos en la foto, pero cada uno mira hacia su teléfono, que les retratan desde el extremo sendos palos de selfie