miércoles, 25 de noviembre de 2015

De errores, yihadismos y luciérnagas

Hay errores que se pagan toda la vida. Los que más espolean las entrañas son aquellos que se cometen de forma consciente. Lo ves llegar y sabes que harás exactamente lo mismo que hiciste una vez y que no funcionó, pero es como si no pudieras remediarlo. Te lanzas otra vez al vacío, atrapado como una luciérnaga por la luz sugerente de la bombilla que tintinea entre las tinieblas. Cuando quieres darte cuenta ya se han encendido todas las alarmas.
La decisión de Francia de bombardear Siria al día siguiente de los atentados de París fue una cagada en toda regla. Es absurdo basarse en los parámetros de la guerra territorial para hacer frente a una cruzada ideológica. Tan simple es de entender como imposible parar una idea con una frontera. Eso te lo dice cualquiera con un mínimo conocimiento en relaciones internacionales y dos dedos de frente. ¿Entonces? Pues lo que decía sobre la luciérnaga, que nos tiramos hacia la luz a pesar de saber que nos quemaremos el culo. Quizás en la creencia (equivocada o no) de que la reacción suicida es menos ridícula que una aparente inacción.
La conducta luciérnaga se dispara con la presión. Sé que estos días los «politólogos» con incontinencia verbal inundan las redes sociales. Son tipos (y tipas) que caminan entre nosotros, amantes del titular simplón y del tiempo libre. Los mismos a quienes les cuesta distinguir entre musulmán (creyente), yihadista (terrorista) y árabe (natural de Arabia). A todos ellos yo les recomiendo un libro. Cualquiera. Al resto, evitar la contaminación con escritos cargados de odio, ignorancia y displicencia. Sé que es difícil, pero recordad que tratamos de evitar que nos engulla «la luz».
Hay errores que se pagan toda la vida y tan ingenuo es pensar que el buenrollismo traerá la paz mundial como necio hacernos creer que este cirio se arreglará bombardeando los países que nos dé la gana. Las alarmas ya están encendidas, luciérnagas del mundo, uníos! 



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