miércoles, 24 de junio de 2015

Coruña y sus extranjerismos ridículos

Hace años que vengo notando una tendencia grotesca en mi ciudad: El uso desmedido de los extranjerismos. Coruña tiene, de un tiempo a esta parte, una fijación sonrojante con el inglés. Me empecé a dar cuenta cuando inauguraron el nuevo centro comercial de Marineda City, capital extranjero pensé y no le quise dar más importancia. Después comenzaron a travestirse algunos de los nombres emblemáticos de la localidad: Los Cantones dejaron de serlo para convertirse en Los Cantones Village (¿?) y La Marina pasó a llamarse Marina Bench. Empezó a hacerse difícil mirar hacia otra parte.

Ayer, volviendo de Lugo, adelanté por la autopista a un autobús de Alsa: «San Juan is back» pude leer en su publicidad trasera. Con el rubor todavía calentando mis mejillas, me pregunté si sería pura estrategia turística con vocación internacional, o una doliente falta de creatividad por parte del ayuntamiento coruñés. No tuve más remedio que inclinarme por lo segundo.

¿Se trata solo de una política lingüística mal enfocada? ¡Ojalá! Desde la Casa Consistorial son solo espejo de la afección ciudadana. Algo tiene el inglés que a los coruñeses nos pone tanto. Hace unos días alguien me recordaba en una terraza la usanza que se le da al idioma en espacios como Linkedin. Si te fías por esa red social, en Coruña no hay dependientes o camareros. No. Porque los coruñeses somos clothing shop assistant y bartenders. Ridículo.

Si estás leyendo esto y eres ajeno a la ciudad, o a su realidad, podrías achacarme una dureza impía. Quizás basándote en la creencia de que en Coruña la lengua inglesa tiene una alta penetración en la gente de a pie y que ese uso exagerado de la nomenclatura anglosajona no es más que uno de los frutos de la convivencia natural y la fusión cultural. ¡Ja! Aquí manejamos un nivel de inglés básico (y gracias). Es pura tontería.

En una de las primeras entrevistas que le leí al nuevo alcalde de la ciudad, Xulio Ferreiro, éste se ponía por bandera una «rebelión del sentidiño». Apelo a ese estandarte para encarrilar lo que, a mi juicio, es una cuesta abajo y sin frenos a una locura colectiva por el inglés. O para que lo entendamos todos: A good shit [Una buena mierda].


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