jueves, 10 de diciembre de 2015

Dime a quién votarás y te diré qué canción de Disney escucharás

Estuve estos días observando los discursos de los principales líderes políticos. Fijándome en sus gestos, sus palabras, sus argumentos. Caí en la cuenta de que la mayoría emplea unas armas más bien toscas a la hora de convencer a su electorado, así que me dije que bucearía en sus programas para hacer un análisis más concienzudo sobre cada partido. Desistí enseguida. En primer lugar porque buena parte de los textos están cargados de generalidades y palabras amables que aportan poco o nada sobre las intenciones reales de cada uno.

No quería renunciar, sin embargo, a intentar mi particular orientación al voto, así que me dejé llevar por la «sutileza» de los grandes para dar forma a lo que pienso yo de cada uno de ellos.

Nota: La mayoría de los lectores de este blog ya saben de qué pie cojeo ideológicamente, así que tómenselo con humor. Esto no es más que una invitación a la risa para desengrasarnos del espectáculo burdo que padecemos estos días. De unos y otros.

Partido Popular
Canción: Preparaos
Película: El Rey León




Aunque tiene varias citas que me entusiasman («Ya sé que no sois muy despiertos», «no podéis razonar sin error», «tenéis el instinto atrofiado» o «¡no daréis un bocado sin mí!»), escogí ésta por el momento: «En justicia soy todo un león» (y patadita por detrás).

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Partido Socialista Obrero Español
Canción: Bajo el mar
Película: La Sirenita

Pedro Sánchez es más guapo que Sebastián y Sebastián tiene mayor poder de convicción que Pedro Sánchez. ¿Por qué esta canción entonces? Quizás porque la obstinación del cangrejo para que Ariel no suba a la superficie me recuerda muy mucho a los intentos desesperados del líder del PSOE porque el electorado no se le escape. Los que tengan la paciencia de ver el vídeo hasta el final descubrirán que el esfuerzo coral no sirve para mucho.

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Ciudadanos
Canción: Pobres almas en desgracia
Película: La Sirenita

Tú a mí no me engañas, vas a votar a Ciudadanos porque te enamoró Albert Rivera. Y como diría Úrsula: «No te culpo, ¡qué ejemplar, linda!». El tipo atrae y se presenta como una solución para resolver nuestros problemas, pero… Dime que no percibes ese tufillo siniestro de gato encerrado.

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Podemos
Canción: Salvamento eficaz
Película: Los Rescatadores

¿Los salvapatrias? Tal vez pequen de pretenciosos los ratoncillos ofreciéndose como solución, aunque habría que ver el final de la peli para ver si lo consiguen realmente. La letra es demasiado corta para tener «peros», aunque algo o alguien desafina.

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Izquierda Unida
Canción: Un mundo ideal
Película: Aladín

Me parece que la letra encaja perfectamente con lo que pretende vender IU. Juzguen ustedes. Aunque diré que también escogí esta canción por el trato (bajo mi punto de vista injusto) de «rata callejera» que se le está dando a Alberto Garzón esta campaña. Ojo, no vaya a ser que el tipo del bazar se encuentre una lámpara mágica el día 19 y el 21 se convierta en «Alí Ababua». Rodarán cabezas.

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Unión Progreso y Democracia
Canción: La amistad
Película: El libro de la selva

No la escogí tanto por la letra, aunque refleja bien esa doliente falta de amor de UPyD. Ni porque uno de los personajes se parezca alarmantemente a Rosa Díez. La escogí porque la analogía final me parece, sencillamente, sensacional: Una torre de buitres tambaleantes que se viene abajo con la aparición del tigre naranja.

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sábado, 5 de diciembre de 2015

Resumen del 2015. Siempre me inquietó diciembre

Siempre me inquietó diciembre. Un mes de oscura amabilidad iluminado escuetamente por lucecillas impertinentes, destinadas a horripilar o a fundirse buena parte de las veces. El alumbrado navideño coincide este año con la pegada de carteles y para seres como yo, que apretamos el paso cuando Papá Noel asoma por el calendario, la mezcla es difícilmente superable: adornos escalofriantes cohabitando en las farolas con tipos más o menos siniestros.

Este 2015, sin embargo, necesitamos más Navidad que nunca. No hablo del corchopán ni de los abetos de plástico. Tampoco de ese sentimiento inventado por la banda sonora del Corte Inglés, que nos asalta cada vez que encendemos la televisión y tropezamos con algún anuncio de turrón. Me refiero a ese esfuerzo por aislarnos un segundo del ruido, hacer análisis de conciencia y enfrentarnos a lo que somos en realidad. Un buen ejercicio para empezar es un balance de los últimos 12 meses:

  • Abrimos el año el día 7 de enero. Era miércoles y pasaban de las 11.30 de la mañana. Tres hombres armados con Kalashnikov entraban en la redacción del semanario parisino Charlie Hebdo y cargaban contra 23 personas. 12 murieron. De vuelta a Madrid, ese mismo mes, Luis Bárcenas salía de la cárcel tras pagar la fianza de 200.000 euros impuesta por el juez Ruz. «He sido fuerte, el PP no tiene nada que temer». Y mientras, en Siria: las fuerzas de las Unidades de Protección Popular logran expulsar a los últimos terroristas del Daesh en la ciudad de Kobane.
  • Mediado febrero. Copenhague sufre dos días de atentados yihadistas que se saldan con tres muertos y cinco heridos. Los objetivos: un centro cultural y una sinagoga. En España el Tribunal Constitucional declara nulo el acuerdo para la consulta soberanista celebrada en Cataluña. Y mientras, en Siria: bombardeos controlados por rebeldes del Daesh al este de Damasco en represalia por el lanzamiento de obuses de los insurgentes. El saldo, 80 muertos.
  • El forense Francisco Etxebarria encuentra en la iglesia madrileña de las Trinitarias de Madrid los restos de Miguel de Cervantes. Es 17 de marzo. Se oyen disparos en el Museo Nacional del Bardo (Túnez). De nuevo, el Estado Islámico. En total, 25 muertos. Seis días después, un tipo de 28 años decide estrellar un avión de pasajeros contra los Alpes franceses. Era el vuelo 9525 de Germanwings. A bordo, 150 personas. Y mientras, en Siria: El ministro de Exteriores de Irak, Ibrahim al-Yafari, viaja al país para abordar cuestiones de lucha antiterrorista.
  • Abril tiene nombre de mujer. 293 mujeres y niñas secuestradas por el grupo terrorista nigeriano Boko Haram son rescatadas en un operativo dirigido a recuperar el bosque de Sambisa. Entre ellas, ninguna de las raptadas en la escuela de Chibok que movilizaron a medio mundo. En los Estados Unidos, Apple lanza su primer reloj inteligente: Apple Watch. Y mientras, en Siria: mueren 17 personas y 59 resultan heridas en la localidad de Alepo por bombardeos cruzados entre el Gobierno de Bashar al-Asad y los rebeldes.
  • Pronto llegó mayo. El día 2, mientras se celebra una ceremonia chiita en Bagdad (Irak) dos coches bomba hacen explosión. Mueren 19 personas. El Daesh reivindica la masacre. Algo se mueve en España. Madrid, Barcelona y Valencia apuestan para sus alcaldías por nuevas formaciones. Los municipios gallegos de Ferrol, Coruña y Santiago se suman al cambio. Mientras, el Vaticano reconoce Palestina como una nación soberana e independiente. Cerramos el mes con fútbol: 19 funcionarios de la FIFA son arrestados por corrupción. Y mientras, en Siria: La guerra civil cumple cuatro años. Ya ha dejado más de 220.000 muertos y al menos ocho millones de desplazados.
  • Es junio cuando se le diagnostica difteria a un niño de seis años no vacunado. Ocurre en España y es la primera vez que se da un caso así en Europa desde 1987. El Barça gana su quinta Liga de Campeones. Una ola de atentados en cinco países de forma simultánea arroja más de 140 muertos. Los señalados: Francia, Siria, Somalia, Kuwait y Túnez. ¿Los autores? Dejo que lo adivinéis esta vez. En Cataluña, CiU se rompe tras 37 años de relación. Y mientras, en Siria: su cursiva empieza a coincidir con la redonda del resto del mundo.
  • El primer domingo de julio, los griegos dicen en referéndum que no aceptan las condiciones del rescate europeo. La tragedia asola el Mediterráneo. Italia saca del mar a 835 inmigrantes procedentes de costa norte africana. Una docena de ellos, muertos. Ese mes, Arabia Saudita informa de la detención de 431 presuntos miembros de Estado Islámico. Y mientras, en Siria: Tres periodistas españoles desaparecen en la guerra.
  • Bangkok (Tailandia), un atentado terrorista deja 20 muertos y 125 heridos cerca del santuario de Erawan. Es agosto, última hora de la tarde. Cataluña. En el marco de la operación Petrum, la Guardia Civil registra la sede de Covergència. Los indicios derivan de una localidad de Tarragona en la que el juez detectó prevaricación y tráfico de influencias. El Barça gana la Supercopa de Europa. Y mientras, en Siria: el Estado Islámico destruye un antiguo templo en Palmira.
  • Septiembre llega y se va con eclipse lunar, elecciones en Cataluña y el descubrimiento de agua en Marte. Y mientras, en Siria: Rusia inicia los ataques contra el Daesh.
  • Cataluña, el Parlamento registra la declaración de inicio de la secesión. Su aprobación autorizaría al futuro gobierno catalán a iniciar los trámites para crear la República Catalana. Estamos en octubre y en Santa Catarina Pinula (Guatemala), un alud aplasta 125 casas: 263 muertos y 374 desaparecidos. Y mientras, en Siria: los rebeldes atacan la embajada de Rusia en Damasco.
  • Noviembre es el mes de los 29 y de la tragedia de París. Cuatro hombres armados con fusiles de asalto entraron en la sala Bataclan y dispararon a bocajarro contra la multitud durante más de 10 minutos. Otros cinco tiroteos y tres explosiones sumieron a Francia en el horror. 137 personas murieron y 415 resultaron heridas. El día anterior, dos terroristas suicidas del grupo Estado Islámico detonan dos bombas en Beirut (Líbano): 43 muertos y 230 heridos. Y mientras, en Siria: Francia se une a los bombardeos.

Siempre me inquietó diciembre. Creedme si os digo que somos capaces de frenar toda esta locura con tres cosas, tres nada más: decencia, ternura y comprensión lectora. ¿Ingenuidad? Puede, también lo es perseguir el espíritu navideño a codazo limpio en un área comercial y sin embargo, la escena se repite año tras año. Para soportarlo todo, yo hago acopio de las mejores cosas de este 2015: Oviedo, Gijón y mi vuelta a Deportes. Me quedo con la bofetada a tiempo, las ganas de verte y ese mensaje, inmerecido y valiente, que me devolvió el oxígeno con apenas 260 caracteres.

Y mientras, en Siria…


Foto: EFE

miércoles, 25 de noviembre de 2015

De errores, yihadismos y luciérnagas

Hay errores que se pagan toda la vida. Los que más espolean las entrañas son aquellos que se cometen de forma consciente. Lo ves llegar y sabes que harás exactamente lo mismo que hiciste una vez y que no funcionó, pero es como si no pudieras remediarlo. Te lanzas otra vez al vacío, atrapado como una luciérnaga por la luz sugerente de la bombilla que tintinea entre las tinieblas. Cuando quieres darte cuenta ya se han encendido todas las alarmas.
La decisión de Francia de bombardear Siria al día siguiente de los atentados de París fue una cagada en toda regla. Es absurdo basarse en los parámetros de la guerra territorial para hacer frente a una cruzada ideológica. Tan simple es de entender como imposible parar una idea con una frontera. Eso te lo dice cualquiera con un mínimo conocimiento en relaciones internacionales y dos dedos de frente. ¿Entonces? Pues lo que decía sobre la luciérnaga, que nos tiramos hacia la luz a pesar de saber que nos quemaremos el culo. Quizás en la creencia (equivocada o no) de que la reacción suicida es menos ridícula que una aparente inacción.
La conducta luciérnaga se dispara con la presión. Sé que estos días los «politólogos» con incontinencia verbal inundan las redes sociales. Son tipos (y tipas) que caminan entre nosotros, amantes del titular simplón y del tiempo libre. Los mismos a quienes les cuesta distinguir entre musulmán (creyente), yihadista (terrorista) y árabe (natural de Arabia). A todos ellos yo les recomiendo un libro. Cualquiera. Al resto, evitar la contaminación con escritos cargados de odio, ignorancia y displicencia. Sé que es difícil, pero recordad que tratamos de evitar que nos engulla «la luz».
Hay errores que se pagan toda la vida y tan ingenuo es pensar que el buenrollismo traerá la paz mundial como necio hacernos creer que este cirio se arreglará bombardeando los países que nos dé la gana. Las alarmas ya están encendidas, luciérnagas del mundo, uníos! 



viernes, 16 de octubre de 2015

Artur Mas y la estrategia del mártir

La escenografía no puede ser más reveladora. Artur Mas, presidente en funciones de la Generalitat catalana, se planta en lo alto de la escalinata del Palacio de Justicia con una sonrisa resignada. A su alrededor, cientos de alcaldes y simpatizantes alzan sus bastones de mando y sus smartphones. Un baño de masas en toda regla para respaldar al responsable de Ciu, que declaraba estos días en calidad de imputado por cuatro delitos relacionados con la consulta catalanista.

El clímax del absurdo plasmado en una sola imagen. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo un tipo que no consiguió la mayoría en el 2006 se convierte de repente en la voz de un pueblo oprimido? En el año 2010, Mas encontró en la independencia una bandera para tapar sus vergüenzas como líder. En su programa electoral, un punto fundamental que escoraría la balanza de votos en las autonómicas: el pacto fiscal.

Conseguir un modelo de financiación similar al vasco se convirtió en la obsesión del presidente de Cataluña que, si quería calar verdaderamente en una sociedad progresista con unas ideas tan conservadoras tendría que buscar otro estandarte. Lo encontró en la independencia. Convenció a todos de que la emancipación del Estado era el camino más directo hacia el bienestar arrebatado.

La decisión del Tribunal Constitucional, de recortar el Estatuto aprobado por las Cortes catalanas ese mismo año, fue el caldo de cultivo perfecto. Más se encontró, a su llegada al poder, con un pueblo doblemente cabreado con Madrid. Por un lado, el encarnizamiento de la crisis económica y por otro, la tomadura de pelo de una promesa incumplida. Con estos ingredientes solo quedaba agitar la coctelera.

¿Qué cabría esperar de un líder ante semejante panorama? Probablemente todo lo contrario a lo que hemos visto en el señor Mas de un tiempo a esta parte. Autodominio, respeto, sensibilidad y determinación son algunas de las características del líder, que mira siempre por la integración y la confluencia del grupo, nunca por su segregación. A Mas se le olvidó que, como presidente de Cataluña, representa a aquellos que le votaron, pero también a los que no lo hicieron.

Arengado por la crispación general y por la difícil tarea de aunar voces tan dispares para llevar el camino independentista a buen término, Mas ha decidido jugar el papel de mártir. «El responsable soy yo y mi Gobierno», decía tras el 9N. Y vaya si lo era. Aunque no el único.

No sé por qué, cuando más acuciante es la necesidad de líderes, más nos empeñamos en ungir inútiles.

Foto: Andreu Dalmau

Vivo el proceso independentista con una mezcla de tristeza y de hartazgo. Creo firmemente que es Cataluña quien tiene que decidir su propio futuro, aunque probablemente el clima de histeria colectiva (a uno y otro lado de la frontera) no sea el adecuado para tomar una decisión de esa envergadura. La inmadurez democrática de nuestra sociedad tiene una curva creciente. Eso me pone triste. Los cruces dialécticos sin altura política de ningún tipo forman parte de esa puericia. Y eso me harta.

viernes, 28 de agosto de 2015

#Galifornia

Hoy me desperté inquieta. Seguía en la cama y podía ver la luz colándose a raudales por las rendijas de las persianas. ¿Sol? Me pregunté casi con pavor. Hice un esfuerzo por levantarme y acercarme a la ventana. Suspiré de alivio. A pesar de la intensa claridad, la lluvia repicaba suavemente contra el cristal. Otro día de tregua.

Bajé de buen humor a la cocina y, mientras calentaba la leche para el desayuno, decidí abrir la puerta. Una brisa húmeda de 17 grados me acarició la espalda. Sonreí a pesar del frío. El microondas me invitó a entrar de nuevo y, con un tazón de Colacao humeante a mi lado, abrí el Facebook confiada. Cuando terminé de ponerme al día, me atreví con Instagram e incluso con Twitter. Nada. Sentí una oleada de satisfacción recorriéndome la espina dorsal. «Mordor 1 – Galifornia 0», pensé casi en voz alta.

No se crean que soy una desaprensiva que odia el calor, el verano y el buen tiempo. Pero ya basta. Basta de inundar las redes sociales con fotos de arena blanca, sol a borbotones y aguas cristalinas. No me molesta que vayáis a la playa ni siquiera que publiquéis vuestras fotos. Aunque reconozco que si una ola circuitease vuestros smartphones, tampoco lo iba a sentir. Lo que de verdad me jode es que subtituléis #Galifornia y os consideréis ingeniosos.

¿Se puede saber qué vendéis? ¿Alguien en su sano juicio querría que Galicia fuese California? De acuerdo que tiene más de 300 días de sol al año y una media de 23 grados. ¿Y? ¿Dónde habéis dejado vuestro espíritu de anuncio de Gadis? La lluvia nos protege. Evita que nos invadan los bárbaros pertrechados con su ladrillo, su sombrilla y su cultura de chancla cangreja. #Galifornia. Debería de daros vergüenza.

Los que de verdad queréis presumir de Galicia, salid a la calle, tirad de paraguas y disparad vuestras fotos. Este es nuestro clima y yo por lo menos, me siento orgullosa. Para los demás, que sepáis que cada vez que escribís #Galifornia muere una estrella de mar, se funde el fusible en un cuarto de baño y os ganáis un unfollow (el mío). Ale, ahora a disfrutar de Mordor!

Foto: Xoán Rey

viernes, 31 de julio de 2015

Tres razones por las que las listas que compartes en Facebook arruinarán tu vida

No puedo entender la manía que os ha entrado a todos con las listas. Parece que de cualquier chorrada se puede hacer una enumeración. Da igual que seas un cursi, un profundo o un hípster, hay una lista para ti: Siete señales que indican que es amor a primera vista, cuatro reflexiones que te marcarán para siempre, diez imprescindibles para un festival… Vuestro furor por ellas es directamente proporcional al número de tonterías que se publican cada día.

Y como soy un ser contradictorio y fútil, ahí va mi lista de por qué tienes que dejar de compartir listas:

1. Demuestras la riqueza emocional de un garbanzo. Vale, el garbanzo tiene muchas propiedades nutritivas, pero con uno solo no hacemos nada. Ahora en serio. Qué crees que le dices al mundo cuando compartes: Diez motivos para ser feliz y disfrutar de la vida, 18 signos de que tu chico es infiel, o cinco cosas que un gallego tiene que explicarle a alguien de fuera? Yo te lo digo: «Soy un/a simple».

2. Te sentirás identificado/a, pero te quedarás como estás. La mayoría de las listas que compartes en Facebook, y con las que crees que te identificas, son una basura de generalidades. Razónalo y admítelo. Las listas tienen ese imán inapelable de los horóscopos, uno no puede dejar de leerlos aunque sepa previamente lo que le van a aportar: mucha influencia de Saturno y una gran montaña de nada.

3. Aburres. Esta es la señal más trágica de por qué las listas arruinarán tu vida. Compartiendo chorradas aburres muchísimo. Tanto, de hecho, que si antes me cargaba amigos en Facebook porque me invitaban a jugar a FarmVille, desde mañana mismo empiezo con los pesados compartelistas. Dicho queda.

Si has compartido más de cuatro listas este mes, te daré un consejito Mr Wonderful de esos que tanto te gustan: Aprende de los errores y sal a disfrutar de la vida, que está ahí fuera. No en una lista.

Si coincides con mi análisis. Comparte este post, acabemos con la lacra sonrojante de las listas.


miércoles, 24 de junio de 2015

Coruña y sus extranjerismos ridículos

Hace años que vengo notando una tendencia grotesca en mi ciudad: El uso desmedido de los extranjerismos. Coruña tiene, de un tiempo a esta parte, una fijación sonrojante con el inglés. Me empecé a dar cuenta cuando inauguraron el nuevo centro comercial de Marineda City, capital extranjero pensé y no le quise dar más importancia. Después comenzaron a travestirse algunos de los nombres emblemáticos de la localidad: Los Cantones dejaron de serlo para convertirse en Los Cantones Village (¿?) y La Marina pasó a llamarse Marina Bench. Empezó a hacerse difícil mirar hacia otra parte.

Ayer, volviendo de Lugo, adelanté por la autopista a un autobús de Alsa: «San Juan is back» pude leer en su publicidad trasera. Con el rubor todavía calentando mis mejillas, me pregunté si sería pura estrategia turística con vocación internacional, o una doliente falta de creatividad por parte del ayuntamiento coruñés. No tuve más remedio que inclinarme por lo segundo.

¿Se trata solo de una política lingüística mal enfocada? ¡Ojalá! Desde la Casa Consistorial son solo espejo de la afección ciudadana. Algo tiene el inglés que a los coruñeses nos pone tanto. Hace unos días alguien me recordaba en una terraza la usanza que se le da al idioma en espacios como Linkedin. Si te fías por esa red social, en Coruña no hay dependientes o camareros. No. Porque los coruñeses somos clothing shop assistant y bartenders. Ridículo.

Si estás leyendo esto y eres ajeno a la ciudad, o a su realidad, podrías achacarme una dureza impía. Quizás basándote en la creencia de que en Coruña la lengua inglesa tiene una alta penetración en la gente de a pie y que ese uso exagerado de la nomenclatura anglosajona no es más que uno de los frutos de la convivencia natural y la fusión cultural. ¡Ja! Aquí manejamos un nivel de inglés básico (y gracias). Es pura tontería.

En una de las primeras entrevistas que le leí al nuevo alcalde de la ciudad, Xulio Ferreiro, éste se ponía por bandera una «rebelión del sentidiño». Apelo a ese estandarte para encarrilar lo que, a mi juicio, es una cuesta abajo y sin frenos a una locura colectiva por el inglés. O para que lo entendamos todos: A good shit [Una buena mierda].


martes, 19 de mayo de 2015

Nos vemos el domingo

Llevo un mes angustiada. Preocupada es la palabra. Se acerca imparable el domingo 24 de mayo y cada día tengo menos claro el sentido que le voy a dar a mi voto. Es la primera vez, desde que alcancé la mayoría de edad, que no me apetece votar. «Son todos iguales», escuché como le reprochaba una mujer al de la gasolinera cuando paré a repostar. «Unos ladrones, unos chorizos y unos sin vergüenzas», recogió el cambio y salió por la puerta sin dar los buenos días. El dependiente rondaba los veintipocos y, a pesar de su sonrisa condescendiente, leí en sus ojos que discrepaba.

Nada más llegar a casa, abrí el correo. Ahí estaba toda la propaganda electoral, un par de cartas del banco y un sobre de Hacienda. Ordené la correspondencia según la previsión de cabreo: Bankinter, partidos políticos y Agencia Tributaria. De menos a más, se entiende. Los primeros me escribían para anunciarme el cobro de comisiones, afortunadamente, nada escandaloso. Cabreo nivel principiante. Los segundos para regalarme un montón de palabras vacías: Cambio, regeneración, bienestar y compromiso eran las que más se repetían. Pensé en la mujer de la gasolinera. Nivel de cabreo: Estable. La tercera fue una bofetada en toda la cara. Según mi borrador, que amablemente redacta un camarada funcionario, tengo que pagarle al Estado 535,68 euros. Cabreo Premium.

Busqué con el mando de la tele a algún gurú del entretenimiento dispuesto a evadirme de tanta contrariedad. Y, a medida que saltaba de un canal a otro, juré darle mi voto al primer partido que garantizase unos contenidos de calidad. Mi cabeza rumiaba agravios de todo tipo, que se zapineaban al ritmo del televisor: «Menudos ladrones, 535 euros. Con lo que cuesta ganarlos. Joder, más de medio sueldo. Luego hablan de los ninis y de las ayudas a los jóvenes, la madre que los parió. Asquerosos». Me reconocí de pronto en aquella mujer de la gasolinera. Y me preocupé.

Es la primera vez, desde que alcancé la mayoría de edad, que no me apetece votar. Sin embargo, el domingo a primera hora estaré en la puerta de mi colegio electoral. No iré porque me hayan convencido sus promesas ni sus discursos de miedo. No iré en defensa de una ideología, de un color o de unas siglas. Tampoco iré por sus programas. Si el 24 de mayo voy a ir a votar es porque no quiero acabar como aquella mujer de la gasolinera, rumiando la mierda resignada a soportar lo que venga. Será mi particular bofetada, mi llamada a la acción, mi tirón de orejas. Nos vemos el domingo, pensé mirando triunfal el sobre de Hacienda. Nos vemos el domingo.


domingo, 1 de marzo de 2015

Adiós, presidente

Todos los medios españoles coinciden hoy en asegurar que con la marcha de José Mujica se va uno de los hombres más carismáticos  que ha presidido nunca Uruguay. Llamar al pan, pan y al vino, vino le ha costado, además, que en los artículos que cubren su marcha –especialmente en la prensa más conservadora- se refleje el desconcierto: «Luces y sombras» titula El Mundo, «la larga sombra de Mujica», apostilla La Razón. Esa falta de luz para el Abc son «excentricidades».

No cumplió su programa y no le da miedo reconocerlo. Redujo el paro y aumentó los índices de escolaridad del país, sus dos grandes batallas. No pudo aligerar el peso de la Administración pública, como pretendía y tampoco acabar con el narcotráfico, aunque apuesto que la legalización de la marihuana fue un palo bien dado. Llamó la atención por su austeridad y por decir siempre lo que pensaba, para horror de su propio equipo de Gobierno.

Estamos tan hechos a la falta de líderes que cuando se nos presenta uno delante nos aterroriza. Nos desordena. «No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad», un tipo que dice eso no puede ser de fiar. ¿No nos llevan enseñando toda la vida que el materialismo es el camino de los libres? Todos sabemos que uno es más soberano con el iPhone 6 plus en la mano. De locos.

Mientras espero en un bar a que me sirvan una ración de callos, un canal de televisión pasa un resumen de imágenes de los cinco años del presidente uruguayo. Observo las caras a mi alrededor. Muchos asienten y algunos sonríen con esa expresión de suficiencia con la que mirarían a un perro que les devuelve, educado, la pelota. A mi izquierda un hombre de mediana edad entorna los ojos en un gesto casi imperceptible. Juraría que está frunciendo el entrecejo levemente. Adivino lo que piensa: «populismo, populismo, populismo», repite para sí como un mantra.

Salgo del bar dándole vueltas a la idea de que hacer pensar e intentar adoctrinar son dos formas diferentes de dirigir un país. En la calle, dos chavales de 8 o 9 años posan divertidos. Van a salir juntos en la foto, pero cada uno mira hacia su teléfono, que les retratan desde el extremo sendos palos de selfie


viernes, 23 de enero de 2015

Bárcenas anda suelto

Bárcenas ya anda suelto
para salir ha pagado su fianza
200.000 euros le impuso el juez
y al contado lo ha cobrado el ordenanza.

Bárcenas ya anda suelto
y en la cárcel han pedido su regreso
¿Dónde fue aquel tipo dadivoso
que regaló sus bermudas a otro preso?

Bárcenas ya anda suelto,
Madrid le acoge como se merece
¿Quién le espera en Génova trece
con la gomina puesta y el despacho presto?

Bárcenas ya anda suelto
por este país de chancla y aceituna
los populares querrían salir corriendo
pero en multas gastarían una fortuna.

Oda a un tesorero.