miércoles, 31 de diciembre de 2014

2014, un puñado de cosas

Hay algunas preguntas que me asaltan siempre por estas fechas. La mayoría relacionadas con lo que sacaré en claro del año que se va.

Del 2014 recordaré probablemente las tarjetas black, la abdicación del rey y al pequeño Nicolás. Podemos. Me vendrán a la cabeza Adolfo Suárez, la duquesa de Alba y Paco de Lucía. Gabito. Refrenaré las ganas de ponerme de pie sobre la mesa para recitar a voz en grito: «Oh, capitán, mi capitán». Pensaré en Luis Aragonés.

Si pudiera elegir, me llevaría un puñado de cosas: Los colores de El expolio y el calor de Toledo. Quiero recordar siempre esa tarde valiente en la que pisé de nuevo una sala de cine. O aquel 20 de abril en que conseguimos lo que nadie creía, llegar a Santiago. Otoño. Un baile, un discurso y el sudor expectante en las manos de Pablo. Un puñado de cosas, ya dije.

2014 será con el tiempo un paseo en bicicleta y una mañana de niebla. Será tinta y papel. Un abrazo y ese concierto. Mentiría si dijera que no recordaré el Ébola, los bombardeos en Gaza, la derrota de la Roja o la consulta catalanista. Aunque las noticias grandes estuvieron para mí a tan solo unos kilómetros de casa. No me olvidaré de Doncos. Ni de Piornedo.

Será el año de las cosas que nunca te dije. Otro más. Aunque de alguna forma siempre apareces allá por donde escribo. Ya me conoces. Y mientras todo pasa, de fondo escuchas cualquiera de las canciones que rasgaron la garganta de Joe Cocker. Como los recuerdos son míos, me reservo el derecho de escoger para ti Something, de George Harrison.

Hay algunas preguntas que me asaltan siempre por estas fechas.




miércoles, 24 de diciembre de 2014

Palabras

Dice el señor Feijoo en su discurso navideño que este año volvieron algunas palabras. Habla de autoestima, optimismo y empleo. Recuperación. Enumera la tecnología, el turismo, la sanidad y el conocimiento. Y sigue: igualdad, bienestar, cooperación, investigación y naval. La lista es más larga, pero he escogido mis favoritas.

Las cosas que se dicen hay que demostrarlas. Si no, es mejor quedarse callado. Eso me dijo una vez un ligue antes de darme puerta. No le faltaba razón, así que vamos a ello. Voy a dejar la autoestima y el optimismo para el final. Empleo. Al acabar noviembre, el número de parados gallegos subió en 4.588 hasta quedarse en los 248.632. Fue el mayor aumento en términos absolutos de todo el Estado, solo por detrás de Baleares.

Sanidad. En Lugo, las personas que necesitan un tratamiento oncológico tienen que recorrer una media de 250 kilómetros -en una travesía penosa- para cada sesión de radioterapia. El HULA se abrió como uno de los hospitales de referencia europea y el centro sanitario más grande de Galicia. Era el año 2010. Hoy sigue sin ofrecer servicios de radioterapia, hemodinámica y medicina nuclear. Los vecinos han creado «La ruta del cáncer» en señal de protesta.

A los extranjeros les gusta Galicia. El turismo batió un nuevo récord, hasta octubre la comunidad recibió más de 920.000 visitantes de otros países. Pero no basta. En la cara B les contamos que la sobreoferta turística aboca a los hosteleros gallegos a cerrar camas un año tras otro de forma irreversible y cíclica. De las 73.000 plazas ofrecidas en septiembre, el sector prescindía en noviembre de más de 10.000.

«La representatividad de las mujeres en las áreas de dirección de las empresas gallegas se sitúa por debajo del 30% y concentran su actividad mayoritariamente en actividades administrativas», datos oficiales. Eso sin meternos en las diferencias salariales abismales para un mismo puesto de trabajo. Igualdad. Nada más.

Autoestima y optimismo las he dejado para el final porque es lo que le quiero pedir esta noche a Papá Noel. Por lo menos un 20% de la cantidad que debe dejarle debajo del árbol al presidente de la Xunta para que, con el panorama que tiene, tenga las pelotas de lanzar semejante mensaje navideño.