jueves, 9 de octubre de 2014

Excalibur tenía que morir

La muerte de Excalibur fue una cortina de humo. El perro de la enfermera contagiada por ébola en España sirvió para desviar la atención de lo verdaderamente importante: La negligencia de nuestros dirigentes. No entraré a valorar si el animal debía morir o no, porque me faltan los conocimientos y tal vez la sensibilidad para empatizar con la mascota ahora que el virus se ha cobrado tantas muertes humanas.

Pero mientras vosotros compartíais  en vuestros muros de Facebook y en vuestros tuits –con mayor o menor acierto– argumentos a favor de la vida de Excalibur, el Gobierno aprovechaba para hacerle la cama a la enfermera. Sí, sé que lo que escribo es tremendamente impopular y me preparo para los reproches animalistas que me puedan salir al paso, pero el barullo de las redes sociales sirvió, únicamente, para alimentar la mascarada.

Tampoco los medios de comunicación hilaron fino. Atraídos por el morbo que desprenden siempre los acontecimientos más burdos, dieron pábulo a las protestas que se generaron en torno a la vida del chucho en lugar de hacer su trabajo, exigir a los responsables rendir cuentas con los ciudadanos. El resultado lo tenemos en todos los diarios, radios y televisiones: Dantesco. Una vez más, los medios al servicio del poder para agitar la zanahoria delante de la masa.

Os demostraré mi teoría. Algo tan sencillo como comunicar que mantendrán al perro en cuarentena en un centro acondicionado. Lo trasladan de su domicilio y lo ejecutan en silencio lejos de las cámaras. Al día siguiente anuncian su muerte con un breve comunicado de apenas tres líneas. Se evitan así la campaña, las concentraciones, las protestas y los heridos. También el ruido de las redes sociales, el despliegue policial o las conexiones con Mariló Montero.

El ruge-ruge interesa porque mientras se pide que se salve al perro, los dirigentes ya han creado el caldo de cultivo deseado: Que si la mujer mintió sobre la fiebre, que si no hace falta sacarse un máster para quitarse el traje, que si hubiera dicho antes que cometió un error… Y ya tienen lo que quieren: El protocolo funcionó de puta madre, pero se produjo un fallo humano, con suerte la tipa muere y le pueden cargar el mochuelo tan a gusto comprando el silencio de la familia con una buena contrapartida. ¡Olé!

Burdo, mezquino y eficaz. Ahora lloremos todos porque se hayan cargado al perro.

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