jueves, 17 de julio de 2014

De mayor quiero ser bombero

«Las condiciones físicas de las mujeres y los hombres, por una cuestión de la naturaleza, hace que sean diferentes, que seamos diferentes, y por lo tanto es ésta la razón por la que no ha habido ninguna mujer entre estos 214 bomberos». Ana Botella, alcaldesa de Madrid.

Querida Ana Botella:

A veces me pregunto si los políticos piensan antes de hablar. ¿Lo hacen? ¿Usted lo hace? Aunque lo que me aterroriza de verdad no es si piensan lo que dicen, es que digan lo que piensan. Es decir, que en su opinión entre las nuevas incorporaciones al cuerpo de bomberos de Madrid no hay mujeres porque sus condiciones físicas son diferentes. ¿Es eso?

Llámeme torpe, pero por sus palabras parece que dio a entender que las mujeres no están capacitadas para ser bomberos. Tiene gracia que eso lo diga una señora que es alcaldesa sin capacidad para serlo, pero en cualquier caso -y pasando por alto su inutilidad para con el cargo- trataré de demostrarle que se equivoca.

Evidentemente una mujer no puede cargar el mismo peso que un hombre, tampoco podrá nunca correr a su misma velocidad. Por eso se adaptaron las pruebas de ingreso. Las mujeres tienen -tenemos- otras capacidades que complementan las de los hombres y que son igual de válidas. De eso se dieron cuenta los colectivos en los que históricamente no entraban las mujeres, como el Ejército o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. De eso se dieron cuenta todos menos usted.

Imagino que cuando uno está dentro de una casa en llamas, esperando a ser rescatado, le importa un pito que quien aparezca sea un hombre o una mujer. No importa porque se supone que quien entra ahí tiene las capacidades y los conocimientos para sacarte vivo. Desde luego, si me dieran a elegir a mí, preferiría que entrase alguien con verdadera vocación de salvar vidas (independientemente de su sexo) a que cruzase el umbral un cachimán que corra 60 metros en menos de 8 segundos y le importe más su sueldo que mi respiración.

Probablemente sus 214 elegidos sean más que válidos para desempeñar su trabajo, pero seguro que ha dejado por el camino un capital humano de incalculable valor si lo ha descartado simplemente por lo que tienen -o por lo que no tienen-  entre las piernas. Pero qué le voy a contar a usted de las capacidades que tienen las mujeres, ¿verdad?

De pequeña soñaba con ser periodista, pero hoy he cambiado mi sueño. De mayor quiero ser bombero. Para darle en las narices, sí, pero también para fantasear con la idea de encontrarla algún día entre las llamas y que yo sea su único recurso.



Atentamente,

Una mujer cabreada