jueves, 19 de junio de 2014

Selfies

Selfie es la foto que uno se saca a sí mismo. Un autorretrato de toda la vida que ahora llamamos así -selfie- porque está de moda cargarse el idioma a base de extranjerismos ridículos. La mecánica es la siguiente: te sacas una foto y la subes a la red. Una acción simple para una mentalidad simple. «Yo comiendo un helado», «yo con mi perro Pancho», «yo en un funeral» o «yo en la cama con el tío que me acabo de tirar». No se rían, que la última anormalidad ya tiene hasta nombre, aftersex.

Mis fotos favoritas son las que la gente se saca en el cuarto de baño. Prueben a echar una ojeada. Qué erótico ese flash en el azulejo, esa forma de mirarse al espejo, ese gresite hortera o impersonal. ¡Ñam!

No se crean que el selfie es un fenómeno de marginados o mediocres. Obama se hizo uno en el funeral de Mandela con David Cameron y la Primera Ministra danesa. Hoy mismo, Ignacio González posaba con Susana Díaz y Javier Fernández en el Congreso de los Diputados, donde Froilán se retrató a sí mismo con Pau Gasol. Y todos recordamos aquel selfie de la gala de los Oscar ¿no?

Irritada por el fenómeno, me pongo a pensar en su razón de ser. ¿Egocentrismo patológico? ¿Un afán irresistible de popularidad mal entendida? ¿Exhibicionismo? ¿Falta de amor? ¿Qué se esconde tras ese quebranto brutal y voluntario de la intimidad de uno? La respuesta es tan evidente que se me escapa. Y la pregunta que más me acongoja es ¿cómo hemos llegado a todo esto? No sé si quiero saberlo.

Alguien me dijo una vez que cuanto más nos empeñamos en publicar lo plena que es nuestra vida, más vacía está en realidad. Así que mi consejo para la jornada de hoy es que aprovechen el tiempo libre para leer, para viajar o para dar un buen paseo en bici. Se les abrirán los pulmones y se les oxigenará el cerebro. El Rey abdicará y la Roja se irá a casa en la primera fase del Mundial, pero créanme, todos seremos más felices.


viernes, 6 de junio de 2014

El demonio tenía coleta

Disfrazado de profesor enrollado, liberador de masas o tipo corriente, Pablo Iglesias nos engañó a todos. ¡Qué desfachatez! Un señor que claudica ante ETA y que come de Venezuela. He querido recopilar mis cuatro frases favoritas sobre él:
  • Esperanza Oña, alcaldesa de Fuengirola por el PP: «Hitler ganó las elecciones en Alemania aprovechando el descontento general y convirtiéndolo en ilusión a su favor» –y el tuit siguiente: «Pablo Iglesias, casi sin partido, sin gestión y siendo uno de los asesores del nada democrático Maduro, ha ilusionado a muchos».
  • Pedro Arriola, asesor de cabecera de Mariano Rajoy: (Sobre el fenómeno Podemos) «Todos los frikis acaban planeando sobre Madrid».
  • Felipe González, expresidente del Gobierno por el PSOE: (Sobre el fenómeno Podemos) «Una alternativa bolivariana para España y para Europa sería una catástrofe sin paliativos».
  • Rosa Díez, líder de UpyD: «Digamos la verdad, Pablo Iglesias defiende a ETA».

Hay muchas cosas más, busquen por la red. Prueben también a bucear en la hemeroteca  críticas anteriores al 25M. Les diré lo que encontrarán: nada. Lo que ha pasado entre el 24 y el 26 son 1.245.948 votos y 5 eurodiputados.

¿Recuerdan a Beatriz Talegón? La chica de Juventudes socialistas que hizo aquella pregunta tan sensata: «¿Cómo se puede debatir el socialismo desde un hotel de 5 estrellas?». A las horas del rapapolvo, ya era una pija encubierta que viajaba en business y cobraba una millonada. Lo que quieran, pero eso no convierte su pregunta en menos certera.

Pablo Iglesias será como lo pinten, pero el problema es otro. Hay una falta de liderazgo en el país arengada por la mediocridad, la corrupción, la mezquindad y la falta de arrestos de quienes nos representan. La política del miedo y el descrédito para aplastar a los populismos es legítima, pero ineficaz si quienes representan las alternativas moderadas no asumen la bofetada y empiezan a hacer las cosas como deben.

Y para colmo el Rey abdica. Esto no es el infierno, es el Apocalipsis.