sábado, 28 de diciembre de 2013

Propósitos 2014

Es posiblemente la lista más ficticia tras los grandes éxitos de los 40 Principales. Una retahíla de farsas con las que apaciguamos nuestro ánimo y conseguimos llegar vivos a fin de año. Cosas tan banales como «saldré a correr», «dejaré de fumar» o «me pondré las pilas con el inglés» tienen un efecto tan narcótico -en nuestra decepción con nosotros mismos- que sólo con apuntarlas en un papelito hacen ya que nos sintamos un poco más livianos.

Claro que en ese llamar a gritos a nuestro Superyó, no todos necesitamos los mismos estímulos. El otro día pensaba cuál sería el cuadro de falacias que anotaría un político (de alto standing) en la servilleta de un bar si llegase a tener la ocasión, o un bolígrafo a mano: Subirse el sueldo? No hablar sin pensar cuando hay micrófonos cerca? Borrar la bandeja de entrada del correo electrónico?

A mí me gustaría que este año salvásemos las distancias e hiciésemos una lista de propósitos conjunta. La primera anotación debería ser «convertirnos en un país menos risible». Llámenlo como quieran: pandereta o chichinabo. Porque está bien que saquemos pecho de nuestra estupidez en los anuncios de Campofrío, pero de ahí a que hagamos con ella una bandera… ¿Cómo no nos va a putear la Merkel?

Quizás para 2014 estaría bien que nuestro presidente se ahorrase frases como «It’s very difficult todo esto», aunque difficult sea de cojones. Que no suba la luz, que alguien queme el anteproyecto de ley del aborto del PP o que Ana Botella pierda su abrigo de piel. No sé si estas cosas nos harían menos risibles, pero yo viviría mucho más feliz.

Ya saben lo que nos queda, sacar una servilleta de papel y pedirle un bolígrafo al camarero. Si Gerogie Dann estuvo 7 semanas de número uno con el Bimbo, yo me siento capaz de todo. ¡Feliz Año!


viernes, 13 de diciembre de 2013

Mi tío Andrés

Mi tío Andrés no era un tipo corriente. Por convicción o por tozudez vivía desenganchado del mundo. Enviar un email podía ser tan complejo como descifrar el algoritmo de Google y Twitter era poco menos que un universo paralelo. Tardó muchísimo en aceptar un teléfono móvil y siempre lo manejaba a regañadientes.
No se imaginen a un tipo ermitaño. Mi tío Andrés era profesor de Historia en un instituto en Malpica, bajaba siempre a tomar sus vinos con los amigos y estaba completamente volcado con la Recuperación de la Memoria Histórica. En su tiempo libre ayudó a decenas de familias a encontrar los cadáveres de los ajusticiados durante la Guerra Civil.
 Recuerdo que cuando era pequeña lo observaba con una mezcla de asombro y recelo. Llevaba el pelo largo cubierto de canas, vestía como le daba la gana -generalmente de vaqueros- y contradecía todo el tiempo al resto de los adultos de la mesa. Era tan rebelde y cabezota que hasta cuando se murió se fue porque le dio la gana.
 Siempre que llega diciembre hago un repaso por las cosas que han sucedido a lo largo del año. Quizás debería haber escrito esto en julio, cuando mi tío Andrés nos dijo: «ahí os quedáis». Tal vez hasta ahora no encontré las palabras, o el valor para escribirlas, pero es justo que lo haga antes de cerrar 2013. Se lo merece él, su memoria y mi madre, la lectora más fiel y más exigente de este blog.
Mi tío Andrés no era un tipo corriente. Mi tío Andrés era un tipo cojonudo.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Coruña, su noche y Dolce Vita

Me enteré hace poco que el centro comercial Dolce Vita va a reconvertirse en un espacio de ocio nocturno. Locales, salas de fiesta, discotecas, restaurantes, etc. He oído decir también que se van a fletar autobuses desde Coruña y aviones desde Madrid.

Yo a veces con esta ciudad no sé si reír o llorar.

He de decir que la pasión que estamos desarrollando por encerrarnos en centros comerciales no deja de sorprenderme. Pero ese es un tema aparte. ¿Habéis salido alguna noche por Coruña? Tal vez algunos recuerden la época dorada del Orzán, en la que bullían tribus urbanas de todo tipo de un pub a otro después de hacer botellón en algún rincón de la ciudad. Eso ya ha pasado a la historia.

Algunos tapean por la barrera y estiran la cerveza hasta que les echan del bar. Otros apuestan por discotecas aisladas y caras, donde el criterio de entrada lo marca un señor cuya capacidad mental es inversamente proporcional a su tamaño corporal. Hay también una corriente de gente a la que le gusta vestirse como si estuviera en un plató de televisión o en un burdel -a veces la línea divisoria es tremendamente confusa- y quemar los últimos cartuchos de su vida restregándose contra todo lo que tiene dos piernas.

También están quienes creen que escapan a toda la tontería refugiándose en bares pseudo-alternativos, cantando himnos de antes de ayer como si en cada sílaba se ganasen la libertad. Habría que revisar si en los conceptos de rebeldía entra otra cosa que no sea el gafapastismo y los allstar. ¿Cómo dice el refrán? Mismos perros…

El problema endémico de Coruña no reside en la forma de tomarse la noche. Tampoco en la manera de vestir o de engominarse el pelo. Está dentro de los poros de cada uno. Lo llevamos con nosotros el viernes por la noche y el domingo por la mañana, un carácter hosco y cerrado que arrastramos como Linus (aquel entrañable amigo de Charlie Brown) arrastraba su mantita. Por eso cuando escucho que se van a fletar aviones desde Madrid para que vengan a Dolce Vita, me da la risa.

Aunque pensándolo bien no es tan descabellado. ¿No peregrinan los amantes del divertimento comercial a Marineda City? Quién sabe si ahora convertimos el polígono en un centro de atracción para tronistas de toda Europa: «Vengan a la meca de la estupidez! ». Me enteré hace poco que el centro comercial Dolce Vita va a reconvertirse en un espacio de ocio nocturno. Ahora que tenemos más centros comerciales que habitantes por metro cuadrado, los travestimos en centros del horror. Un aplauso. Sepan que tenemos hasta el 14 de febrero para huir.