sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Nunca Máis?

He leído mucho sobre la indignación con la sentencia absolutoria del caso Prestige. «El mayor desastre ecológico se resuelve sin responsables». He escuchado cosas. Injusticia. Irritación. Me he dejado empapar por el clamor de la calle en las manifestaciones de Nunca Máis. He visto la rabia alimentada por unos y por otros, tratando de encender a la opinión pública. Os prometo que no lo entiendo.

No entiendo por qué estalla ahora el cabreo y no en el momento en el que sientan en el banquillo a los presuntos equivocados. El capitán, el jefe de máquinas y el ex director general de la Marina Mercante, ¿va en serio? ¿De verdad que alguien se cree que ellos tres cortaban el bacalao con 77 mil toneladas de petróleo correteando por la costa en un buque destartalado? Lo más gracioso es que aunque hubiese sido así, los responsables últimos serían otros.

He leído artículos conmovedores -de grandes articulistas de nuestro país- ensalzando la raza gallega. He visto como muchos se dejaban embriagar por esas odas a un espíritu guerrero que nunca tuvimos. Sí, no se equivoquen. Hasta aquí nos trajo la resignación, no el orgullo. Podemos negarla las veces que queramos y reescribir los libros de historia como nos dé la gana. Sé que la resignación toca menos el lagrimal que la dignidad, pero mentirnos a nosotros mismos es hacer un flaco favor a lo que somos.

El Prestige fue uno más de los abusos que cometen a diario los mediocres que nos gobiernan, sabedores de que contra quienes lo infligen no abrirán la boca. Y pensándolo bien, esos artículos de heroísmo ficticio, de dignidad callada y lucha mal entendida, son los que nos ayudan a llenar el pecho de nada y a resignarnos ante tanta mediocridad. ¿Nunca Máis?