miércoles, 31 de julio de 2013

La noche del Tren

Artículo publicado en Cuentos Chinos una columna que escribo para Ibañeza.es
Eran casi las 22.00 y el móvil vibró contra la mesa. «Dime que no ibas en ese tren». Releí varias veces tratando de comprender. Volvió a sonar. «Estás en Santiago?». Me lancé instintivamente hacia el televisor y, mientras revisaba los canales, buscaba con el teléfono los resultados que arrojaba internet tecleando el binomio tren y Santiago.
«Descarrila un tren -con destino Ferrol- poco antes de llegar a la estación de Santiago de Compostela». Las primeras informaciones hablaban de 7 muertos. Era el tren que cogíamos todos. El que salía a las 15.00 de Madrid y llegaba a Santiago pasadas las 20.30. La lista de personas conocidas que podían ir en él me resultó insoportable. Me senté. Me peleé unos minutos más con el mando hasta encontrar lo que buscaba. «Algunos medios aventuran ya que son 20 los muertos en una jornada, en la que recordamos, Santiago se preparaba para la festividad del Apóstol».
El patrón. La sombra de un atentado planeó por mi cabeza de forma inevitable. Dejé que me invadiera simultáneamente la rabia, la indignación y la impotencia. Por la pantalla vi a policías, bomberos y ATSs, vi a varias mujeres arrojar mantas a las vías para que cubrieran los cuerpos que iban sacando de los amasijos, vi a vecinos subidos a los vagones armados con picos tratando de reventar los cristales para ofrecer una salida, vi…
Esta mañana cuando abrí el periódico me fijé el interior de uno de los vagones más perjudicados. Estaba cortado por la mitad como si fuese de cartón piedra y la luz del día se colaba silenciosa por dos de sus ventanas rotas. Cuatro asientos permanecían en su posición original, aunque dos de ellos tenían signos evidentes de violencia. Los contiguos estaban empotrados contra la pared, como si hubiesen tratado de escapar demasiado tarde de aquel infierno. En medio de la imagen, una botella de agua posaba desafiante. Erguida ante el caos, entre la redecilla y la bandeja de un respaldo perfectamente blanco.
«Dime que no ibas en ese tren». Y en ese tren íbamos todos.