martes, 22 de enero de 2013

El PP y la mierda

Pocas cosas revelan tanto de uno mismo como su propia mierda. Eso leí hace no mucho tiempo, mientras esperaba en un aeropuerto a que saliera mi vuelo, en una novela policíaca. Se lo espetaba el protagonista, un detective decrépito, a un púber lacayo mientras revolvían en un contenedor de la basura en busca de pistas. Vale que el libro me había costado poco más de 8 pavos, pero no iba desencaminado.
Luis Bárcenas nació en Huelva en 1956. Con 28 años fichó por el equipo contable del Partido Popular.  Fue gerente, senador y tesorero del grupo político. Su salario, según sus propias declaraciones de Hacienda, era de 200 mil euros al año. La pasta que acumula en Suiza asciende a 22 millones. ¿Tienen una calculadora a mano? Si las cifras son correctas, Luis el Cabrón –como le llamaban sus amigos de la Gürtel- debería haber trabajado 110 años para hacer semejante fortuna. Sospechoso. Sobre todo si tenemos en cuenta que su mujer no tiene ingresos conocidos y que nunca anunció que le hubiese tocado el Gordo. Como a otros.
La historia arranca en un tipo que se llama José Luis Peñas, ex concejal del PP en Majadahonda. Él destapa que un tal Francisco Correa se está haciendo de oro –y a Bárcenas de paso- con una trama de adjudicaciones de obras. Empiezan las investigaciones y las detenciones. La de un personaje en particular es clave. José Luis Izquierdo, contable de la Gürtel. En el momento de su detención aprieta en el puño cerrado un pen drive y en éste un listado de sobornos. Entre los nombres esto: L.B, LBarc, Luis B y Luis el Cabrón.
A partir de ahí la historia es farragosa, de por qué se ha tardado tanto y se archivó el caso y se reabre ahora, tal vez baste decir que en Suiza van a su ritmo y se cuidan muy mucho de las informaciones que facilitan de sus clientes.  Y por lo demás,  de aquellos barros estos lodos.  Acorralado por la justicia y desterrado por su propio partido, el bueno de Luis filtra que durante su gestión se pagaron sobresueldos en dinero negro. El escándalo, como se imaginarán, se magnifica en un momento de crisis económica y austeridad brutal por la sospecha de que quien nos pide el esfuerzo de apretarnos el cinturón sea alguien que –y manda cojones- evada impuestos.
Pocas cosas revelan tanto de uno mismo como su propia mierda. El protagonista de la novela barata que yo engullía en la T4 de Barajas descubría, por los desperdicios del tipo al que husmeaba, que éste era celíaco, lo que le servía para desencadenar una cascada de razonamientos que le llevaban a descartarlo como el posible asesino de un crimen. En lo que refiere al caso Bárcenas, tal vez su mierda nos sirva para determinar de una vez por todas qué clase de organismo amorfo es el PP, que estos días se afana en desvincularse al máximo de aquel que un día ungió como cajero y que, de confirmarse las informaciones de El Mundo, untó aquí y allá la mano de unos y otros a saber a cambio de qué prebendas. Eso o mecanografiamos otra novela que se venda en los aeropuertos por un par de euros.