viernes, 17 de mayo de 2013

De princesas y mujeres de

Algo intuía yo en los cuentos de hadas que devoraba de pequeña bajo las sábanas cuando todos dormían. Las princesas no son tontas, pero se lo hacen porque les sale más a cuenta. ¿Habrían mantenido los siete enanitos a Blancanieves si ella fuera, por ejemplo, ingeniera de minas en lugar de una bobona que les limpiase la mierda con una sonrisa? ¿Habría tenido la oportunidad Cenicienta de dar el braguetazo con el príncipe si no hubiera servido, calladita y obediente, a las estúpidas de sus hermanastras?
La infanta Cristina debió leer los mismos cuentos que yo. Sacó su título universitario, maneja cuatro idiomas, tiene sobrada preparación en relaciones internacionales y es lo suficientemente lista como para que su sueldo (que percibe de La Caixa) sea discreto. Yah, pero se hace la tonta. Claro, porque si tu marido es el principal imputado en una trama de corrupción, es mejor que todos piensen que tienes cierto retraso mental a que eres una ladrona. Como ella, casi cada día, tenemos sentadas en el banquillo a mujeres de España apelando a su analfabetismo con tal de salirse de rositas. Yo les querría dar las gracias desde aquí a todas ellas.
Vivimos en un país que, amparándose en una discriminación positiva mal entendida, justifica tropelías brutales a derechos fundamentales. Un país que, además, se muestra indulgente con las mujeres porque «no se enteran» de lo que tienen en sus garajes. Pobrecitas. Propongo que Educación refuerce este comportamiento obligando a las niñas a leer cuentos de Disney hasta que les sangren los ojos. Ánimo chicas, la Igualdad está cerca!


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