sábado, 28 de diciembre de 2013

Propósitos 2014

Es posiblemente la lista más ficticia tras los grandes éxitos de los 40 Principales. Una retahíla de farsas con las que apaciguamos nuestro ánimo y conseguimos llegar vivos a fin de año. Cosas tan banales como «saldré a correr», «dejaré de fumar» o «me pondré las pilas con el inglés» tienen un efecto tan narcótico -en nuestra decepción con nosotros mismos- que sólo con apuntarlas en un papelito hacen ya que nos sintamos un poco más livianos.

Claro que en ese llamar a gritos a nuestro Superyó, no todos necesitamos los mismos estímulos. El otro día pensaba cuál sería el cuadro de falacias que anotaría un político (de alto standing) en la servilleta de un bar si llegase a tener la ocasión, o un bolígrafo a mano: Subirse el sueldo? No hablar sin pensar cuando hay micrófonos cerca? Borrar la bandeja de entrada del correo electrónico?

A mí me gustaría que este año salvásemos las distancias e hiciésemos una lista de propósitos conjunta. La primera anotación debería ser «convertirnos en un país menos risible». Llámenlo como quieran: pandereta o chichinabo. Porque está bien que saquemos pecho de nuestra estupidez en los anuncios de Campofrío, pero de ahí a que hagamos con ella una bandera… ¿Cómo no nos va a putear la Merkel?

Quizás para 2014 estaría bien que nuestro presidente se ahorrase frases como «It’s very difficult todo esto», aunque difficult sea de cojones. Que no suba la luz, que alguien queme el anteproyecto de ley del aborto del PP o que Ana Botella pierda su abrigo de piel. No sé si estas cosas nos harían menos risibles, pero yo viviría mucho más feliz.

Ya saben lo que nos queda, sacar una servilleta de papel y pedirle un bolígrafo al camarero. Si Gerogie Dann estuvo 7 semanas de número uno con el Bimbo, yo me siento capaz de todo. ¡Feliz Año!


viernes, 13 de diciembre de 2013

Mi tío Andrés

Mi tío Andrés no era un tipo corriente. Por convicción o por tozudez vivía desenganchado del mundo. Enviar un email podía ser tan complejo como descifrar el algoritmo de Google y Twitter era poco menos que un universo paralelo. Tardó muchísimo en aceptar un teléfono móvil y siempre lo manejaba a regañadientes.
No se imaginen a un tipo ermitaño. Mi tío Andrés era profesor de Historia en un instituto en Malpica, bajaba siempre a tomar sus vinos con los amigos y estaba completamente volcado con la Recuperación de la Memoria Histórica. En su tiempo libre ayudó a decenas de familias a encontrar los cadáveres de los ajusticiados durante la Guerra Civil.
 Recuerdo que cuando era pequeña lo observaba con una mezcla de asombro y recelo. Llevaba el pelo largo cubierto de canas, vestía como le daba la gana -generalmente de vaqueros- y contradecía todo el tiempo al resto de los adultos de la mesa. Era tan rebelde y cabezota que hasta cuando se murió se fue porque le dio la gana.
 Siempre que llega diciembre hago un repaso por las cosas que han sucedido a lo largo del año. Quizás debería haber escrito esto en julio, cuando mi tío Andrés nos dijo: «ahí os quedáis». Tal vez hasta ahora no encontré las palabras, o el valor para escribirlas, pero es justo que lo haga antes de cerrar 2013. Se lo merece él, su memoria y mi madre, la lectora más fiel y más exigente de este blog.
Mi tío Andrés no era un tipo corriente. Mi tío Andrés era un tipo cojonudo.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Coruña, su noche y Dolce Vita

Me enteré hace poco que el centro comercial Dolce Vita va a reconvertirse en un espacio de ocio nocturno. Locales, salas de fiesta, discotecas, restaurantes, etc. He oído decir también que se van a fletar autobuses desde Coruña y aviones desde Madrid.

Yo a veces con esta ciudad no sé si reír o llorar.

He de decir que la pasión que estamos desarrollando por encerrarnos en centros comerciales no deja de sorprenderme. Pero ese es un tema aparte. ¿Habéis salido alguna noche por Coruña? Tal vez algunos recuerden la época dorada del Orzán, en la que bullían tribus urbanas de todo tipo de un pub a otro después de hacer botellón en algún rincón de la ciudad. Eso ya ha pasado a la historia.

Algunos tapean por la barrera y estiran la cerveza hasta que les echan del bar. Otros apuestan por discotecas aisladas y caras, donde el criterio de entrada lo marca un señor cuya capacidad mental es inversamente proporcional a su tamaño corporal. Hay también una corriente de gente a la que le gusta vestirse como si estuviera en un plató de televisión o en un burdel -a veces la línea divisoria es tremendamente confusa- y quemar los últimos cartuchos de su vida restregándose contra todo lo que tiene dos piernas.

También están quienes creen que escapan a toda la tontería refugiándose en bares pseudo-alternativos, cantando himnos de antes de ayer como si en cada sílaba se ganasen la libertad. Habría que revisar si en los conceptos de rebeldía entra otra cosa que no sea el gafapastismo y los allstar. ¿Cómo dice el refrán? Mismos perros…

El problema endémico de Coruña no reside en la forma de tomarse la noche. Tampoco en la manera de vestir o de engominarse el pelo. Está dentro de los poros de cada uno. Lo llevamos con nosotros el viernes por la noche y el domingo por la mañana, un carácter hosco y cerrado que arrastramos como Linus (aquel entrañable amigo de Charlie Brown) arrastraba su mantita. Por eso cuando escucho que se van a fletar aviones desde Madrid para que vengan a Dolce Vita, me da la risa.

Aunque pensándolo bien no es tan descabellado. ¿No peregrinan los amantes del divertimento comercial a Marineda City? Quién sabe si ahora convertimos el polígono en un centro de atracción para tronistas de toda Europa: «Vengan a la meca de la estupidez! ». Me enteré hace poco que el centro comercial Dolce Vita va a reconvertirse en un espacio de ocio nocturno. Ahora que tenemos más centros comerciales que habitantes por metro cuadrado, los travestimos en centros del horror. Un aplauso. Sepan que tenemos hasta el 14 de febrero para huir.


sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Nunca Máis?

He leído mucho sobre la indignación con la sentencia absolutoria del caso Prestige. «El mayor desastre ecológico se resuelve sin responsables». He escuchado cosas. Injusticia. Irritación. Me he dejado empapar por el clamor de la calle en las manifestaciones de Nunca Máis. He visto la rabia alimentada por unos y por otros, tratando de encender a la opinión pública. Os prometo que no lo entiendo.

No entiendo por qué estalla ahora el cabreo y no en el momento en el que sientan en el banquillo a los presuntos equivocados. El capitán, el jefe de máquinas y el ex director general de la Marina Mercante, ¿va en serio? ¿De verdad que alguien se cree que ellos tres cortaban el bacalao con 77 mil toneladas de petróleo correteando por la costa en un buque destartalado? Lo más gracioso es que aunque hubiese sido así, los responsables últimos serían otros.

He leído artículos conmovedores -de grandes articulistas de nuestro país- ensalzando la raza gallega. He visto como muchos se dejaban embriagar por esas odas a un espíritu guerrero que nunca tuvimos. Sí, no se equivoquen. Hasta aquí nos trajo la resignación, no el orgullo. Podemos negarla las veces que queramos y reescribir los libros de historia como nos dé la gana. Sé que la resignación toca menos el lagrimal que la dignidad, pero mentirnos a nosotros mismos es hacer un flaco favor a lo que somos.

El Prestige fue uno más de los abusos que cometen a diario los mediocres que nos gobiernan, sabedores de que contra quienes lo infligen no abrirán la boca. Y pensándolo bien, esos artículos de heroísmo ficticio, de dignidad callada y lucha mal entendida, son los que nos ayudan a llenar el pecho de nada y a resignarnos ante tanta mediocridad. ¿Nunca Máis?


lunes, 26 de agosto de 2013

Jóvenes airados

Hace poco unos amigos de mis padres preguntaron por mi salud mental. Me consta que lo hicieron desde el cariño. La formulación vino provocada por textos escritos para este mismo espacio. «Tanto odio dentro» fue una de las frases que pronunciaron. Dejaron la sentencia suspendida en el aire como el filo de la guillotina instantes antes de rebanarle la cabeza a Luis XVI. La incomprensión no entiende de cariños. 

Como no es la primera vez que tildan mis escritos en términos semejantes, quiero apuntar un par de detalles que les ayude a comprender por qué escribo como lo hago. Y por favor, no entiendan esto como una disculpa. Porque no lo es. 

Desde antes de aterrizar en la universidad se me enseñó que la educación era la puerta de entrada al progreso, la prosperidad y el bienestar. Todo resultó ser una farsa. La facultad era un criadero de mediocres que no buscaban aprender, sino lucrarse. Cinco años soportando lecciones de Power Point y firmando partes de asistencia te garantizaban un nivel de erudición suficiente como para embolsarte unos 1.500 euros al mes. De ahí para arriba. Aunque como todos sabréis, la realidad con la que me topé al salir al mercado laboral (2009) fue bien diferente. Aún con todo tuve suerte. Tal vez porque en segundo de carrera –viendo la mascarada- me empeñé en trabajar y ver la profesión desde el terreno. Digo que tuve suerte porque a día de hoy, con casi 27 años, no sé lo que es el paro. 

Sí sé lo que es trabajar de prácticas sin serlo, sé lo que es hacer horas extras sin cobrarlas, sé lo que es trabajar los domingos y los festivos, sin derecho a verano ni a vacaciones. Sé lo que es ir a trabajar con fiebre. Que te duela la cabeza hasta estallar por asumir una responsabilidad que sabes que no te corresponde. Sé lo que es llegar a casa y que sólo te apetezca dormir eternamente. Y todo ello mientras ves como la cajera del supermercado –y no tengo nada en su contra- se levanta más pasta y más derechos que tú. ¿Por qué? Porque la educación –entendida como un papel firmado- no sirve para nada. 

En este país lo que sirve es militar, codearse y trapichear. Es la lección que me ensañan cada día quienes se erigen como mis líderes. Quienes dicen que van a sacarme de ésta y a restablecer el orden de las cosas. ¿Pero cuál es ese orden? Mi furia, señores, no viene provocada porque se me haya dicho que los Reyes son los padres. Mi cólera la desata cada día la hipocresía de un sistema basado en las mentiras y la ruindad. Sí, tengo mucho odio dentro, mucha rabia. Aquí me deshago de parte del veneno, para no morir un día si por accidente me muerdo la lengua. Pero otro me lo reservo. Lo guardo como una costra, como muchos otros jóvenes y no tan jóvenes de mi generación. Tal vez algún día, cuando alguien necesite de él para darle la vuelta a esta mezquinocracia impuesta, mi furia acumulada sirva para algo. 

miércoles, 31 de julio de 2013

La noche del Tren

Artículo publicado en Cuentos Chinos una columna que escribo para Ibañeza.es
Eran casi las 22.00 y el móvil vibró contra la mesa. «Dime que no ibas en ese tren». Releí varias veces tratando de comprender. Volvió a sonar. «Estás en Santiago?». Me lancé instintivamente hacia el televisor y, mientras revisaba los canales, buscaba con el teléfono los resultados que arrojaba internet tecleando el binomio tren y Santiago.
«Descarrila un tren -con destino Ferrol- poco antes de llegar a la estación de Santiago de Compostela». Las primeras informaciones hablaban de 7 muertos. Era el tren que cogíamos todos. El que salía a las 15.00 de Madrid y llegaba a Santiago pasadas las 20.30. La lista de personas conocidas que podían ir en él me resultó insoportable. Me senté. Me peleé unos minutos más con el mando hasta encontrar lo que buscaba. «Algunos medios aventuran ya que son 20 los muertos en una jornada, en la que recordamos, Santiago se preparaba para la festividad del Apóstol».
El patrón. La sombra de un atentado planeó por mi cabeza de forma inevitable. Dejé que me invadiera simultáneamente la rabia, la indignación y la impotencia. Por la pantalla vi a policías, bomberos y ATSs, vi a varias mujeres arrojar mantas a las vías para que cubrieran los cuerpos que iban sacando de los amasijos, vi a vecinos subidos a los vagones armados con picos tratando de reventar los cristales para ofrecer una salida, vi…
Esta mañana cuando abrí el periódico me fijé el interior de uno de los vagones más perjudicados. Estaba cortado por la mitad como si fuese de cartón piedra y la luz del día se colaba silenciosa por dos de sus ventanas rotas. Cuatro asientos permanecían en su posición original, aunque dos de ellos tenían signos evidentes de violencia. Los contiguos estaban empotrados contra la pared, como si hubiesen tratado de escapar demasiado tarde de aquel infierno. En medio de la imagen, una botella de agua posaba desafiante. Erguida ante el caos, entre la redecilla y la bandeja de un respaldo perfectamente blanco.
«Dime que no ibas en ese tren». Y en ese tren íbamos todos.



viernes, 17 de mayo de 2013

De princesas y mujeres de

Algo intuía yo en los cuentos de hadas que devoraba de pequeña bajo las sábanas cuando todos dormían. Las princesas no son tontas, pero se lo hacen porque les sale más a cuenta. ¿Habrían mantenido los siete enanitos a Blancanieves si ella fuera, por ejemplo, ingeniera de minas en lugar de una bobona que les limpiase la mierda con una sonrisa? ¿Habría tenido la oportunidad Cenicienta de dar el braguetazo con el príncipe si no hubiera servido, calladita y obediente, a las estúpidas de sus hermanastras?
La infanta Cristina debió leer los mismos cuentos que yo. Sacó su título universitario, maneja cuatro idiomas, tiene sobrada preparación en relaciones internacionales y es lo suficientemente lista como para que su sueldo (que percibe de La Caixa) sea discreto. Yah, pero se hace la tonta. Claro, porque si tu marido es el principal imputado en una trama de corrupción, es mejor que todos piensen que tienes cierto retraso mental a que eres una ladrona. Como ella, casi cada día, tenemos sentadas en el banquillo a mujeres de España apelando a su analfabetismo con tal de salirse de rositas. Yo les querría dar las gracias desde aquí a todas ellas.
Vivimos en un país que, amparándose en una discriminación positiva mal entendida, justifica tropelías brutales a derechos fundamentales. Un país que, además, se muestra indulgente con las mujeres porque «no se enteran» de lo que tienen en sus garajes. Pobrecitas. Propongo que Educación refuerce este comportamiento obligando a las niñas a leer cuentos de Disney hasta que les sangren los ojos. Ánimo chicas, la Igualdad está cerca!


domingo, 21 de abril de 2013

5 argumentos contra la ley del aborto del PP

El partido popular planea el texto más restrictivo de la democracia. Por situarnos: Allá por el 85, el gobierno de Felipe González creó un sistema de despenalización (así se llamaba), en el que la mujer tomaba la decisión y se podía sujetar a tres motivos para abortar: malformación del feto, violación o daños psicológicos. El ejecutivo de Zapatero puso en marcha una ley de plazos, hasta las 14 semanas una mujer podía tomar la decisión de abortar sin dar ningún tipo de explicación. Lo que hay ahora sobre la mesa: Abortar será delito salvo en una serie de supuestos, algo así como en la época González, pero con una lista más reducida. A continuación una serie de argumentos por los que estar en contra de esa regresión.

Supone un retroceso a un derecho adquirido. Destruir libertades NUNCA será una decisión acertada. Cojan el libro de historia que les dé la gana. No entenderé jamás a esa gente que sale a manifestarse contra los derechos de los demás. Si te parece éticamente cuestionable, simplemente, no lo hagas.

Negarse a tener un hijo con malformaciones no es darle trato de inferioridad. Decir lo contrario es una animalada. Es uno de los argumentos del ministro de justicia, Alberto Ruiz Gallardón, para dar marcha atrás a la norma vigente. Habría que pensar si discriminar a ese hijo no sería hacerle venir al mundo sin poder garantizarle igualdad de oportunidades a lo largo de su vida. Y quién lo sabrá mejor que su madre? Gallardón? Yo no lo creo.

Apelan a la ética aplicando moralinas. Si algo aprendí en la clase de ética de la Universidad es que el fin, en ningún caso, justifica los medios. Partiendo de esa premisa, ¿por considerar algo éticamente verdadero debemos imponerlo por fuerza a los demás? Cuidado con imponer moralidades falsas a otros, nos pueden explotar en la cara.

La mayoría de los países europeos cuenta con una ley de plazos. Solo Malta, Andorra e Irlanda están por detrás de lo que pretende hacer España. En Holanda disfrutan de la ley más permisiva con un plazo de 24 semanas.

Es una ley politizada. No será el médico el que determine si una mujer tiene razones suficientes, o suficientemente válidas, para abortar. Serán las Comunidades Autónomas, mediante un comité, las que avalen cada caso. A qué jugamos? Oigan, que hablamos de vidas, no de culos calientes y bolsillos llenos en el consejo de administración de un banco cualquiera.

El PP está tomando el rumbo de la Iglesia. Y no lo digo porque esta ley fuera una prebenda impuesta por el clero, que también, lo digo por esa aparente necesidad congénita de ambos de alejarse, cada vez más, de la gente.


lunes, 1 de abril de 2013

ERES, contrabandistas y pataleos

Si hubiera escrito esta entrada hace cinco años probablemente tendría que recurrir al wikiconocimiento para citarles que un ERE es un «procedimiento mediante el cual una empresa -supuestamente en una mala situación económica-busca obtener una autorización para suspender o despedir a sus trabajadores». Por desgracia, a día de hoy en nuestro país, estamos bastante familiarizados con el término. 1,7 millones de trabajadores se han visto afectados por un procedimiento de este tipo desde que comenzó la crisis. 1,7.
En Andalucía el colchón de la historia lo creó Manuel Chaves (PSOE) en el año 2001. Desde el gobierno autonómico se inició un procedimiento -dotado con 721 millones de euros- para respaldar a las empresas con supuestos problemas económicos. El detonante fue Mercasevilla.  Bastó con que alguien levantase la esquinita de la alfombra para ver la cantidad de mierda que se cocinaba por debajo. 12,3 millones de euros se pagaron en prejubilaciones a personas que nunca habían trabajado en empresas afectadas, clinc. 73,8 millones fueron a parar a subvenciones a empresas que nunca habían presentado ERES o incluso a personas que jamás crearon una empresa, clinc y toma ya! Y también hubo comisiones siderales (esto se nos da de fábula) valoradas entre 50 y 68 millones de euros por encima del valor del mercado. Todo ello nos da un botín de clinc, clinc, clinc: 136 millones de la moneda europea robados a las arcas públicas. Sí, somos así. Un país fullero, sablista y farsante.
Dicen que no es bueno mirar la paja en el ojo ajeno, aunque lo cierto es que hoy eché la vista hacia Andalucía porque aquí en Galicia el panorama pinta también divino. Feijoo, el niño bonito de los populares y presidente de la Comunidad, es hoy el protagonista de todas las portadas. Unas fotos de 1995 lo muestran veraneando con un contrabandista. Imaginaos el revuelo.  Lo mejor fue ver que quien se postula (o al que postulan) para el puesto del señor Rajoy es exactamente igual que él. «Las fotos son lo que son, unas fotos». Ahí estás Presidente, derrochando labia y verbosidad.
Y puesto que la mediocridad es la tónica y que nuestros dirigentes buscan, acojonados, la manera de criminalizar los escraches -que para quien no lo sepa es la furia de un pueblo que no puede más- yo les invito a que se llenen bien de aire los pulmones, que inclinen la barbilla ligeramente hacia arriba (para conseguir más proyección en la voz) y manden a todos a tomar por el culo. Mañana seguirán viendo en las portadas que se siguen llenando los bolsillos a costa de su dinero y seguirán predicando altura moral los que hoy usan la ética para sacarle brillo al retrete. Sí, pero ¿y lo a gustito que se habrán quedado? Aprovechen que, de momento, patalear sale gratis.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Los Trending Topics de la política

#Espiar
Acechar, observar disimuladamente a alguien
#Dimitir
Renunciar, hacer dejación de algo

Espiar está de moda. Ayer leíamos en la prensa que una agencia de detectives pinchó el teléfono de Bárcenas cuando éste amenazó al PP con tirar de la manta. El encargado de la investigación fue Método 3. El nombre les suena porque es la misma empresa a la que denunció Alicia Sánchez Camacho por hacer escuchas ilegales en el transcurso de una conversación mientras almorzaba con Victoria Álvarez, la ex de Jordi Pujol hijo.
Aunque no se crean que siempre hay profesionales de por medio.
En enero de este mismo año Carlota Navarro, vicepresidenta tercera de la diputación de Valencia y miembro del PP, era pillada abriendo los armarios de los compañeros de Esquerra Unida. Según justificó la sorprendida -agárrense- estaba «revisando que la empresa de la limpieza hacía bien su trabajo». Toma ya. A título informativo les diré que la señora Navarro sigue, muy digna ella, en su puesto.
Lo que me lleva a mi siguiente Trending Topic nacional. Dimitir.
Curioso caso el de este verbo. Genera tantos titulares -o más- que el espionaje, pero se queda en eso, titulares. «La ejecutiva local del PSOE descarta dimitir y defiende su papel en la moción», «Arturo Fernández descarta dimitir como vicepresidente de la CEOE» o «José Blanco descarta dimitir hasta que el juez del caso Campeón llegue a juicio oral». Sí. Welcome to Spain. Aquí dimitir sólo tiene cabida en el preámbulo penitenciario. «El alcalde de Estepona presenta la dimisión antes de entrar en prisión» o «Fernández dimite como presidente del vino antes de su ingreso en prisión». Esperpéntico, lo sé.
Estas y otras cuestiones de la prensa de ayer y de hoy me llevan a una reflexión.
Un profesor de la Universidad de Salamanca me dijo una vez que espiar es un signo de debilidad, porque supone buscar -en las flaquezas del otro- las fortalezas que suplan nuestra falta de virtudes. Ineptitud o mediocridad manifiesta que en un representante de la ciudadanía debería tener una única solución posible: la dimisión. Dimisión entendida como un acto de reflexión y renuncia personal, no como el último recurso a la presión de partido. ¡Qué digo! Si la política funcionase así los Trending Topics serían menos divertidos.

martes, 22 de enero de 2013

El PP y la mierda

Pocas cosas revelan tanto de uno mismo como su propia mierda. Eso leí hace no mucho tiempo, mientras esperaba en un aeropuerto a que saliera mi vuelo, en una novela policíaca. Se lo espetaba el protagonista, un detective decrépito, a un púber lacayo mientras revolvían en un contenedor de la basura en busca de pistas. Vale que el libro me había costado poco más de 8 pavos, pero no iba desencaminado.
Luis Bárcenas nació en Huelva en 1956. Con 28 años fichó por el equipo contable del Partido Popular.  Fue gerente, senador y tesorero del grupo político. Su salario, según sus propias declaraciones de Hacienda, era de 200 mil euros al año. La pasta que acumula en Suiza asciende a 22 millones. ¿Tienen una calculadora a mano? Si las cifras son correctas, Luis el Cabrón –como le llamaban sus amigos de la Gürtel- debería haber trabajado 110 años para hacer semejante fortuna. Sospechoso. Sobre todo si tenemos en cuenta que su mujer no tiene ingresos conocidos y que nunca anunció que le hubiese tocado el Gordo. Como a otros.
La historia arranca en un tipo que se llama José Luis Peñas, ex concejal del PP en Majadahonda. Él destapa que un tal Francisco Correa se está haciendo de oro –y a Bárcenas de paso- con una trama de adjudicaciones de obras. Empiezan las investigaciones y las detenciones. La de un personaje en particular es clave. José Luis Izquierdo, contable de la Gürtel. En el momento de su detención aprieta en el puño cerrado un pen drive y en éste un listado de sobornos. Entre los nombres esto: L.B, LBarc, Luis B y Luis el Cabrón.
A partir de ahí la historia es farragosa, de por qué se ha tardado tanto y se archivó el caso y se reabre ahora, tal vez baste decir que en Suiza van a su ritmo y se cuidan muy mucho de las informaciones que facilitan de sus clientes.  Y por lo demás,  de aquellos barros estos lodos.  Acorralado por la justicia y desterrado por su propio partido, el bueno de Luis filtra que durante su gestión se pagaron sobresueldos en dinero negro. El escándalo, como se imaginarán, se magnifica en un momento de crisis económica y austeridad brutal por la sospecha de que quien nos pide el esfuerzo de apretarnos el cinturón sea alguien que –y manda cojones- evada impuestos.
Pocas cosas revelan tanto de uno mismo como su propia mierda. El protagonista de la novela barata que yo engullía en la T4 de Barajas descubría, por los desperdicios del tipo al que husmeaba, que éste era celíaco, lo que le servía para desencadenar una cascada de razonamientos que le llevaban a descartarlo como el posible asesino de un crimen. En lo que refiere al caso Bárcenas, tal vez su mierda nos sirva para determinar de una vez por todas qué clase de organismo amorfo es el PP, que estos días se afana en desvincularse al máximo de aquel que un día ungió como cajero y que, de confirmarse las informaciones de El Mundo, untó aquí y allá la mano de unos y otros a saber a cambio de qué prebendas. Eso o mecanografiamos otra novela que se venda en los aeropuertos por un par de euros.