jueves, 16 de agosto de 2012

(I) Responsabilidad política

El Sindicato Andaluz de Trabajadores asaltó este mes un supermercado de Écija, en Sevilla, de la firma Mercadona. Lo llamaron «expropiación alimentaria» y la acción consistió en llevarse carros de comida sin pagar para donarlos posteriormente a una ONG. La cadena valenciana ya ha anunciado que denunciará al SAT por agresión contra dos de sus trabajadoras.
Estamos en tiempos difíciles. Eso es innegable. No tanto por la crisis, los mercados, el IVA o la prima, como por el desfile de impunidad que contemplamos a diario de aquellos que, más o menos vándalos, abanderan la indecencia. ¿Sobre la pasarela? Puede estar casi cualquiera. Sujetos de suculentas indemnizaciones, señores con sueldos vitalicios, o partes beneficiarias de contratos millonarios.
No entiendo el cabreo. Lo comparto. ¿Por qué yo y no ellos? Me lo pregunto cada vez que me suben los impuestos, me reducen los derechos o me hacen pagar más por los medicamentos. Y a mí ya no me vale la excusa de arrimar el hombro, porque algunos lo tenemos en carne viva desde hace tiempo. Ahora, pedir más sacrificios al pueblo es casi tan rastrero como usar su hartazgo como arma política.
Escuchaba estos días a algunos de los dirigentes que respaldaron «el golpe» a Mercadona decir que hay que frenar las injusticias castigando a las multinacionales, a los bancos y en definitiva, a las grandes fortunas. Y que ésta era su forma de hacerlo. Me cuesta entender que un político no encuentre más herramientas para cambiar las cosas que agitar a la gente contra la gente. Sí, porque a veces olvidamos que en el súper o en la oficina de la esquina trabajan personas que, como nosotros, aspiran a un contrato indefinido y a que su nómina alcance los mil euros.
En estos tiempos convulsos, lo sencillo es darle la espalda a la responsabilidad en aras de palabras con más punch (cada uno sabrá cuales le mueven). Pero quizás nos convenga recordar a todos que el liderazgo es algo más que tener un altavoz y un rebaño.