miércoles, 2 de mayo de 2012

Dos metros y medio, una distancia de narices

Dos metros y medio. Ésa será la distancia que se marcará esta noche entre la nariz de Nicolas Sarkozy y la de Françoise Hollande. El debate, que será emitido a las 21.00 en TF1 y France2, podría condicionar el 11% del voto. O lo que es lo mismo, ser determinante para la victoria del candidato socialista (que cuenta con un 53,5% de apoyo según las encuestas) o para el actual presidente de la República (que según los sondeos ostenta el 46,5%). Quizás es por eso que está medido hasta el más mínimo detalle: la distancia entre los candidatos, la temperatura de la sala o incluso el modelo de las sillas sobre las que sentarán sus posaderas, regulables y sin posabrazos.
Toda Europa escuchará con atención sus palabras. En parte porque podría comprometerse el eje incondicional Francia-Alemania que forjó Sarkozy con Merkel. Algo que, si me permiten el atrevimiento, esperan muchos con impaciencia. Recordemos que las políticas de ajuste de la Canciller alemana ahogan las economías más debilitadas, como es el caso de la española. En cambio, de la victoria de Sarkozy podríamos esperar cualquier cosa. Si el presidente renovase su cargo en las urnas, colmaría de autoridad democrática su discurso electoral, donde menospreció una y otra vez a España comparándola con países intervenidos por la UE y el FMI.
No quiero decir con todo esto que Hollande vaya a ser la panacea de nada. Ni mucho menos, pero una victoria del pequeño Nicolas podría arrinconarnos en Europa más todavía.
Desde nuestro rincón, se esmera ahora el Gobierno de Rajoy en diferenciar el caso Kirchner del caso Morales. Es cierto que existen sus diferencias. Es cierto que Bolivia apenas posee el 1,5% de Red Eléctrica y también lo es que expropiar por nacionalizar un servicio parece menos pirata que hacerlo de forma arbitraria con una empresa privada simplemente para hacer negocio y ganar votos. Pero sí podemos licuar una realidad común de ambos ejemplos: a España se la toma por el pito del sereno en el mundo adelante. Malo para nosotros, sin duda, pero malo también para Europa y su economía común. Que es una farsa. Lo dicho, dos metros y medio es una distancia de narices.