jueves, 26 de enero de 2012

Camps y el pulgar de la vergüenza

La fotografía que me trae hoy hasta aquí es la de una sonrisa. La de una sonrisa y un pulgar levantado. Y un titular que la nutre: «Inocente». Qué quieren que les diga, ese retrato puede ocultar muchas cosas, pero la inocencia no es una de ellas. La mirada del que fuera presidente de la Comunidad valenciana se escapa del encuadre en un gesto cómplice y satisfecho.
Estoy en contra del jurado popular. No lo digo por el caso «Trajes» ni su resolución. Pero quiero que quede claro desde el principio. Algunos esgrimirán que es una herramienta garantista de nuestra democracia, pero a mí no me parece más que la cancha libre del despotismo en tropel. ¿Cómo se puede absolver a un tipo que admitió haber recibido regalos de implicados en la trama Gürtel? Quizás porque la gente de la calle no está preparada para decidir sobre la inocencia o la culpabilidad de un sujeto. En primer lugar porque no conocen la ley y en segundo porque el prejuicio pesa sobremanera en los casos tan mediatizados. 5 votos contra 4 y Camps en la calle sin responsabilidades. «¿Quién le devolverá ahora la honorabilidad?» preguntaba Cospe. ¿Quién se la devolverá a los tribunales? Le pregunto yo.
La imagen de la que os hablo acapara hoy todas las portadas. No importa las palabras que hayan elegido para acompañarla. Habla por si sola. El gesto del tío Paco refleja la supremacía de quien se sabe culpable y se contempla escapado. Un guiño a todos los que consienten y amparan un sistema que asfixia al justo y oxigena al corrupto. Yo me despido con la certeza de que éste será el primero de muchos y con las palabras del que fuera su sastre, José Tomás, sobre lo que opinaré de ahora en adelante cuando me pregunten por este asunto: «Me importa un carajo, que sea feliz y que presida el mundo».

martes, 17 de enero de 2012

Hemerotecas que matan y capitanes que huyen

«Nunca se ha salido de una crisis subiendo los impuestos». La frase es cojonuda, pero lamentablemente no es mía. La pronunció María Dolores de Cospedal cuando el Partido Popular todavía se retorcía en la oposición. No era una díscola ni una rebelde bajo las faldas de Mariano. «Subir los impuestos significa más paro, más recesión y pagar las gracietas de Zapatero». Esta la soltó Rajoy. Y debió gustarle porque la repitió incluso varias veces.
Dicen del que juega con fuego que se acaba quemando. Y las hemerotecas en este caso actúan como un bidón de gasolina. Esta vez el vídeo lo lanza el PSOE. Medicina amarga para el Partido Popular que, tras años deleitándonos con los montajes del Cejota y sus declaraciones sobre la crisis que no vio llegar, ha tardado tiempo récord en demostrarnos que su palabra es también papel mojado. Pero no se confundan, que no fue un despiste. Yo me inclino a pensar que les importa un bledo desdecirse. Sí. ¿Qué por qué? Veamos: Están empezando la legislatura, tienen mayoría en los cuatro niveles administrativos y a la oposición perdida en su propia identidad. ¿Entonces? Pues nada, vía libre y al ciudadano que le zurzan.
En este panorama desolador, de pagar las «gracietas» de unos y de otros, a mí hay algo que me consuela. Y es saber que hay cosas que nunca cambiarán: Los que mandan tomarán siempre medidas duras, pero siempre imprescindibles para salvaguardar el Estado del Bienestar. Y la oposición lo verá siempre al contrario, aunque ello signifique limpiarse el culo de forma incansable con sus principios. Sí. Piensen que quien capitanee este barco se aferrará al timón del poder todo lo que pueda. Salvo que vea peligrar su pellejo, que entonces pillará al contramaestre por banda y se largarán en salvavidas antes que nadie. ¿Les suena el nombre de Francesco Schettino?