miércoles, 26 de septiembre de 2012

Queridos Reyes Magos

No sé si os acordaréis de mí. Cuando apenas gateaba me regalasteis un Gusiluz con el que dormí buena parte de mi infancia. Hubo más regalos, pero aquel peluche -que encendía su cara redonda en la oscuridad de la noche- fue el más acertado. No sé muy bien el momento exacto en el que salisteis de mi vida, porque lo cierto es que mis padres se afanaron por camuflar vuestra ausencia. El caso es que ahora soy (o lo intento) una mujer. Tengo 25 años (aunque para enero ya habré cumplido los 26), estudié una carrera superior, un máster y chapurreo un par de idiomas. Tranquilos, que al contrario de lo que pueda parecer, no os voy a pedir un puesto de trabajo (aun espero conservarlo de aquí al sexto día del 2013). ¿Qué hago entonces a mi edad escribiéndoos una carta?
Veréis, no tengo muy claro vuestro negocio, pero quiero proponeros algo. Como Majestades de Oriente sé que estáis acostumbrados a repartir juguetes y carbón en función de una extraña lista mágica que vais elaborando a lo largo de los 365 días del año. También sé que clasificáis en dos categorías: buenos y malos. Los primeros premiados con juguetes y los segundos castigados con carbón. Digamos que vuestro público objetivo son, fundamentalmente, los niños. ¿Os habéis planteado ampliar el target? Me gustaría que consideraseis seriamente incluir a la clase política española en vuestra permuta (sea la que sea). Y expongo mis razones.
Vivo en un país con problemas. Y no hablo del paro (que supera el 20%), del déficit (dice el FMI que cerraremos el año en el 7%), o de la prima de riesgo (que hoy rompió de nuevo los 450 puntos). No. No hablo tampoco de las deudas de las comunidades autónomas (que ascienden casi a los 36 millones de euros), del yugo de los mercados (que hacen desplomarse al Ibex por la amenaza del rescate) o de otras dificultades micro-macro económicas. No. Vivo en un país con problemas porque estamos gobernados por ineptos.
Ineptos que nos han creado una crisis de identidad. Aquí poca gente sabe ya si vive en un país, en una nación, en un estado o en  todo a la vez. Algunos hablan de nación de naciones, otros de unidad indivisible, de autogobierno, de federalismo, de autonomías y en realidad todos se refieren a una gran patraña que se resume en una palabra: nacionalismo. El nacionalismo no entendido como apego o como ideología, ni siquiera como la tendencia de un pueblo. Nacionalismo entendido como puro egoísmo. Egoísmo bidireccional, del gobierno central con ciertos territorios y de ciertos territorios con el gobierno central. Y cuando hablamos de egoísmo en este país, no hablamos de amor inmoderado y excesivo por el terruño propio. Hablamos atender desmedidamente al bolsillo de uno mismo. Todo lo que pueda rodear eso no son más que palabras más o menos acertadas en un teatro con el telón raído y el color de una bandera u otra.
Ineptos, decía, que nos han creado también  una crisis de liderazgo (como si tuviéramos pocas). Admitámoslo, los romanos tenían sus tácticas de guerra, los hunos la fuerza bruta y los españoles la capacidad de ungir a los inútiles. Qué quieren que les diga, votamos algo que aborrecemos a los 2 meses, presos por un sistema que llaman representativo y que no «que no nos representan, que no». Aquí no sé si la culpa la tiene la ley D´Hondt, la miopía acuciante que nos imprime un optimismo mal entendido, o la escasa capacidad de leer entre líneas. Supongo que emitir a Belén Esteban en PrimeTime tiene un precio. Y conste que lo digo desde el amor y el respeto a esta España cañí en la que vivo, pero luego me toca ver por televisión a una gente que intenta entrar a protestar en una cámara llena de otra gente que en teoría representa a esa gente que está fuera, porque aislados en las mieles del poder, los de dentro han perdido lo que se llama «el contacto con la calle». ¿Me seguís? Y lo más gracioso de esta historia es que aquellos hacinados en la cámara que supuestamente representa al pueblo tienen que rodearse de policías para que precisamente el pueblo no se les eche encima. Total, que aquellos que están para proteger y servir acaban a palos y piedras contra aquellos a quienes tienen que servir y proteger. ¿No es de locos?
Volviendo, por tanto, a mi propuesta. Creo que los españoles necesitamos que nos echéis un cable. Quizás lo de entregar carbón a los políticos «malos» no surta el efecto deseado, ya que ellos mismos se encargan de proveerse de sus propios «regalos» a lo largo del año. ¿Algo más doloroso quizás? Que les parta un rayo estaría bien.
En fin, que si mi propuesta os parece desmedida, ambiciosa o impertinente, aprovecho la oportunidad para pediros otro Gusiluz. El que tuve se estropeó cuando se le oxidaron las pilas dentro y ahora estoy sin una carita redonda y sonriente que arroje algo de luz a esta penumbra.

Atentamente,


PD. Sea lo que sea lo que caiga bajo el árbol, por favor, nada de Pokemons.

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