lunes, 31 de diciembre de 2012

Un 2012 de bolsillo

2012 se va. ¡Y lo que nos ha costado llegar hasta aquí! Si lo recordáis, el año arrancó con una huída premonitoria, la de Francesco Schettino. El capitán del Costa Concordia que abandonaba el barco dejando atrás a pasajeros y tripulantes. 32 personas murieron. En nuestro país el Supremo condenó a Garzón por las escuchas ilegales en el caso Gürtel, días después de que Camps y Costa fuesen declarados «no culpables» por un jurado popular. Febrero fue el mes de la reforma laboral. Y en Marzo llegó la huelga.
«Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir». Es 18 de Abril. 24 horas antes, Cristina Fernández de Kirchner expropia YPF. Y antes de cambiar la hoja en el calendario, Guardiola dice adiós al Barça. «No va a haber ningún rescate de la banca española» anuncia Rajoy. Y 15 días después, entrado Mayo, se bajó los pantalones. Eso sí, por 100 mil millones. Rodrigo Rato dimitió como presidente de Bankia.  Y los merengues inundan Cibeles.
Es jueves cuando Carlos Dívar anuncia su dimisión como presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial. Y Rafa Nadal se lleva otro Roland Garros. Ya van 7! Al calor de Julio, Rajoy esgrime la subida del IVA y el recorte salarial a los funcionarios. Mientras, al otro lado del charco, James Holmes (de 24 años) se viste de negro, se coloca una máscara anti-gas, y tirotea a medio centenar de personas que disfrutan del estreno de Batman. 12 mueren en el acto. España gana la Eurocopa.
Agosto se salda con 17 medallas en los juegos de Londres. 3 son oros. También con un nombre, Cecilia Giménez, la anciana que desfiguró el Ecce Hommo de un santuario de Borja.
La prima de riesgo supera los 610 puntos y Cataluña pide rescate por valor de 5.023 millones de euros. Es Septiembre y Espe anuncia que se va. 25-S.
Era Otoño cuando el austríaco Félix Baumgartner se convierte en el primer hombre en superar la barrera del sonido saltando desde la estratosfera. En Galicia Feijoo revalidaba su mayoría. Y en el Parlamento Wert soltó aquello de «españolizar a los alumnos catalanes». Octubre fue también el mes de Sandy, que se cobró 113 vidas. Y en nuestro país vimos el primer caso de suicido por deshaucio. Fue en Granada. El paro supera ya el 25%.
Noviembre fue el mes del Madrid Arena, de los matrimonios homosexuales, de la reelección de Obama y del descalabro de Mas. Tiene lugar la octava huelga general de la democracia. Y Palestina se convierte en Estado Observador. Cerramos el año con la detención del presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán por alzamiento de bienes y blanqueo de dinero. Es 15 de diciembre y otro chaval estadounidense, Adam Lanza esta vez, es el protagonista de una nueva matanza. Esta vez en un colegio. 20 niños mueren. También 6 adultos.
Decían los mayas que el 21 de este mes cambiábamos de ciclo. Yo esta noche brindo porque lo notemos pronto.

«No guardes nunca en la cabeza aquello que te quepa en el bolsillo».  Albert Einstein

miércoles, 26 de diciembre de 2012

FERROL

Recuerdo la primera respuesta que di cuando empecé a trabajar en Ferrol y alguien me preguntó qué opinaba de la ciudad. Sombría, dije. Pensé después que aquel aire taciturno no lo desprendían las calles, sucias y rotas. Provenía, más bien, de un gesto fugaz que saltaba entre las caras. Una mezcla de rencor y recelo diáfanos en algunas miradas.
Más tarde lo supe. Ferrol molesta. Y los ferrolanos lo saben. Es una certeza tan arraigada en su ADN como su derecho a la existencia. Su capacidad marítima, trabada durante años por la fusión de lo militar y lo naval, se ha visto mermada por el devenir de los tiempos. Mientras la consolidación de la paz apartaba la Defensa de la mesa de las prioridades, los ferrolanos no pudieron más que asistir al desmantelamiento paulatino de lo que creían su ciudad. En esas estamos.
Con el tiempo aprendí a ver que entre la inquina y el mosqueo se criba por sus ojos el ansia de vida. De supervivencia. Recuerdo la primera respuesta que di cuando empecé a trabajar en Ferrol y alguien me preguntó qué opinaba de la ciudad. Sombría, dije. Siempre pensé que lo más inquietante de las tormentas son los rayos de sol que se cuelan entre las nubes negras. Porque cuanta más fuerza desprende la luz, más siniestras se tornan las sombras.
Ferrol ha sido condenado a muerte, pero morirá matando. Porque a Ferrol lo visten sus sombras, pero se define por sus luces.

lunes, 15 de octubre de 2012

El «voto útil»

A seis días de echar las papeletas en las urnas, el porcentaje de indecisos en Galicia ronda el 40%. Los políticos están nerviosos. A estas alturas, la intención de voto arroja un resultado apretado entre la continuidad de los populares y una posible coalición entre la izquierda y el nacionalismo. El desasosiego de quienes nos representan es por tanto comprensible, en tanto en cuanto está en juego el calor de muchas posaderas para los próximos cuatro años.
Por un lado los populares. Candidatos a la relección. «Crisis» es la décima palabra de su declaración de intenciones. Y en ella pivotan todo el desarrollo de sus propuestas. Palabras como austeridad, sostenibilidad y control ocultan y rodean una realidad que hace presagiar recortes, ajustes y mano dura. Los socialistas, en un jugar el juego de los otros, destacan en primer término el desempleo. Su programa es una apuesta a ciegas por el crecimiento económico, la garantía del Estado del Bienestar y la mejora –no se rían- democrática. Aunque el contrato del PsdeG con la ciudadanía más bien parece el contraprograma del PP, al que citan 23 veces. El capitalismo neoliberal es el culpable para los nacionalistas. Y así lo deja patente en la primera línea de su escrito el BNG. A través de un lenguaje claramente bélico, plantea una apuesta por el autogobierno y la política social, ingredientes indispensables –dicen- para salir de ésta. Citan al PP 34 veces.
Si me preguntasen a mí quién ganará las elecciones autonómicas gallegas del 2012 diría sin temor a equivocarme que el hartazgo. Lo sé porque ya ha arrasado. Podremos hacer todas las lecturas habidas y por haber el día 22. Destripar el récord de abstención, el crecimiento de los votos en blanco o las rodajas de chorizo dentro de los sobres electorales. O quizá analicemos la caída del PP, su mayoría absoluta, el bipartito que se nos viene encima o el tripartito que nos desgobierne en años venideros. No importará. El fastidio que nos causan los casos de corrupción, los enchufismos, el «tú más», «tú peor», la falta de soluciones, la mediocridad y la necedad en aquellos que se postulan como la solución siendo el problema, es mayor a cualquier intención de voto.
A nadie se le escapa que en los últimos años, desde este rincón, he aprovechado para hacer apología al voto en blanco. Y sé que me echo a la chepa a los abanderados de esa ordinariez llamada «voto útil». No me importa. Sueño en cada convocatoria electoral con que los ciudadanos sepan decir con la papeleta lo que tanto gritan en la calle. «Que no nos representan, que no». Y sueño que, ilegitimado por una avalancha de votos en blanco sin precedentes, el vencedor del último circo democrático tenga que proclamar -con un dulce tembleque en la voz- que la victoria se la lleva el clamoroso rechazo ciudadano. Y sueño con Rajoy echándose las manos a la cabeza. Y con Rubalcaba justificándose entre balbuceos. Y los nacionalismos callados con el descrédito del sobre vacío. Y todos con el calor en la cara de la bofetada democrática. Eso sería un voto útil.
Sé que el 22 pasará lo que pasa cada domingo, siendo lunes. Nos levantaremos con la cabeza embotada y en la boca pastosa la promesa de que no volveremos a cometer excesos. Sé que sólo habrá que esperar al próximo día de fiesta, para embriagarnos de nuevo con el garrafón de promesas vacías de unas y otras barras, eso es lo de menos. Algún día alcanzaremos la madurez democrática. Aunque ese día no está próximo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Queridos Reyes Magos

No sé si os acordaréis de mí. Cuando apenas gateaba me regalasteis un Gusiluz con el que dormí buena parte de mi infancia. Hubo más regalos, pero aquel peluche -que encendía su cara redonda en la oscuridad de la noche- fue el más acertado. No sé muy bien el momento exacto en el que salisteis de mi vida, porque lo cierto es que mis padres se afanaron por camuflar vuestra ausencia. El caso es que ahora soy (o lo intento) una mujer. Tengo 25 años (aunque para enero ya habré cumplido los 26), estudié una carrera superior, un máster y chapurreo un par de idiomas. Tranquilos, que al contrario de lo que pueda parecer, no os voy a pedir un puesto de trabajo (aun espero conservarlo de aquí al sexto día del 2013). ¿Qué hago entonces a mi edad escribiéndoos una carta?
Veréis, no tengo muy claro vuestro negocio, pero quiero proponeros algo. Como Majestades de Oriente sé que estáis acostumbrados a repartir juguetes y carbón en función de una extraña lista mágica que vais elaborando a lo largo de los 365 días del año. También sé que clasificáis en dos categorías: buenos y malos. Los primeros premiados con juguetes y los segundos castigados con carbón. Digamos que vuestro público objetivo son, fundamentalmente, los niños. ¿Os habéis planteado ampliar el target? Me gustaría que consideraseis seriamente incluir a la clase política española en vuestra permuta (sea la que sea). Y expongo mis razones.
Vivo en un país con problemas. Y no hablo del paro (que supera el 20%), del déficit (dice el FMI que cerraremos el año en el 7%), o de la prima de riesgo (que hoy rompió de nuevo los 450 puntos). No. No hablo tampoco de las deudas de las comunidades autónomas (que ascienden casi a los 36 millones de euros), del yugo de los mercados (que hacen desplomarse al Ibex por la amenaza del rescate) o de otras dificultades micro-macro económicas. No. Vivo en un país con problemas porque estamos gobernados por ineptos.
Ineptos que nos han creado una crisis de identidad. Aquí poca gente sabe ya si vive en un país, en una nación, en un estado o en  todo a la vez. Algunos hablan de nación de naciones, otros de unidad indivisible, de autogobierno, de federalismo, de autonomías y en realidad todos se refieren a una gran patraña que se resume en una palabra: nacionalismo. El nacionalismo no entendido como apego o como ideología, ni siquiera como la tendencia de un pueblo. Nacionalismo entendido como puro egoísmo. Egoísmo bidireccional, del gobierno central con ciertos territorios y de ciertos territorios con el gobierno central. Y cuando hablamos de egoísmo en este país, no hablamos de amor inmoderado y excesivo por el terruño propio. Hablamos atender desmedidamente al bolsillo de uno mismo. Todo lo que pueda rodear eso no son más que palabras más o menos acertadas en un teatro con el telón raído y el color de una bandera u otra.
Ineptos, decía, que nos han creado también  una crisis de liderazgo (como si tuviéramos pocas). Admitámoslo, los romanos tenían sus tácticas de guerra, los hunos la fuerza bruta y los españoles la capacidad de ungir a los inútiles. Qué quieren que les diga, votamos algo que aborrecemos a los 2 meses, presos por un sistema que llaman representativo y que no «que no nos representan, que no». Aquí no sé si la culpa la tiene la ley D´Hondt, la miopía acuciante que nos imprime un optimismo mal entendido, o la escasa capacidad de leer entre líneas. Supongo que emitir a Belén Esteban en PrimeTime tiene un precio. Y conste que lo digo desde el amor y el respeto a esta España cañí en la que vivo, pero luego me toca ver por televisión a una gente que intenta entrar a protestar en una cámara llena de otra gente que en teoría representa a esa gente que está fuera, porque aislados en las mieles del poder, los de dentro han perdido lo que se llama «el contacto con la calle». ¿Me seguís? Y lo más gracioso de esta historia es que aquellos hacinados en la cámara que supuestamente representa al pueblo tienen que rodearse de policías para que precisamente el pueblo no se les eche encima. Total, que aquellos que están para proteger y servir acaban a palos y piedras contra aquellos a quienes tienen que servir y proteger. ¿No es de locos?
Volviendo, por tanto, a mi propuesta. Creo que los españoles necesitamos que nos echéis un cable. Quizás lo de entregar carbón a los políticos «malos» no surta el efecto deseado, ya que ellos mismos se encargan de proveerse de sus propios «regalos» a lo largo del año. ¿Algo más doloroso quizás? Que les parta un rayo estaría bien.
En fin, que si mi propuesta os parece desmedida, ambiciosa o impertinente, aprovecho la oportunidad para pediros otro Gusiluz. El que tuve se estropeó cuando se le oxidaron las pilas dentro y ahora estoy sin una carita redonda y sonriente que arroje algo de luz a esta penumbra.

Atentamente,


PD. Sea lo que sea lo que caiga bajo el árbol, por favor, nada de Pokemons.

jueves, 16 de agosto de 2012

(I) Responsabilidad política

El Sindicato Andaluz de Trabajadores asaltó este mes un supermercado de Écija, en Sevilla, de la firma Mercadona. Lo llamaron «expropiación alimentaria» y la acción consistió en llevarse carros de comida sin pagar para donarlos posteriormente a una ONG. La cadena valenciana ya ha anunciado que denunciará al SAT por agresión contra dos de sus trabajadoras.
Estamos en tiempos difíciles. Eso es innegable. No tanto por la crisis, los mercados, el IVA o la prima, como por el desfile de impunidad que contemplamos a diario de aquellos que, más o menos vándalos, abanderan la indecencia. ¿Sobre la pasarela? Puede estar casi cualquiera. Sujetos de suculentas indemnizaciones, señores con sueldos vitalicios, o partes beneficiarias de contratos millonarios.
No entiendo el cabreo. Lo comparto. ¿Por qué yo y no ellos? Me lo pregunto cada vez que me suben los impuestos, me reducen los derechos o me hacen pagar más por los medicamentos. Y a mí ya no me vale la excusa de arrimar el hombro, porque algunos lo tenemos en carne viva desde hace tiempo. Ahora, pedir más sacrificios al pueblo es casi tan rastrero como usar su hartazgo como arma política.
Escuchaba estos días a algunos de los dirigentes que respaldaron «el golpe» a Mercadona decir que hay que frenar las injusticias castigando a las multinacionales, a los bancos y en definitiva, a las grandes fortunas. Y que ésta era su forma de hacerlo. Me cuesta entender que un político no encuentre más herramientas para cambiar las cosas que agitar a la gente contra la gente. Sí, porque a veces olvidamos que en el súper o en la oficina de la esquina trabajan personas que, como nosotros, aspiran a un contrato indefinido y a que su nómina alcance los mil euros.
En estos tiempos convulsos, lo sencillo es darle la espalda a la responsabilidad en aras de palabras con más punch (cada uno sabrá cuales le mueven). Pero quizás nos convenga recordar a todos que el liderazgo es algo más que tener un altavoz y un rebaño.

martes, 31 de julio de 2012

«Yo no he sido»

Llamada al orden cuando era pequeña, juntaba mucho las puntas de los pies, cruzaba las manos a mi espalda y clavaba la vista en el suelo. Me balanceaba despacito sobre los talones, hacia delante y hacia atrás. «Yo no he sido» pronunciaba sin demasiada convicción cuando mis padres preguntaban quién había escondido las tijeras, robado el pegamento o despistado cualquier otro objeto de su sitio. Mi hermano permanecía callado a mi lado. Sin saberlo, esas cuatro palabras que yo escogía siempre para exculparme me delataban.
Rato dijo hace unos días en el Congreso que Ordóñez, el entonces gobernador del Banco de España, fue quien le sugirió que Bankia se fusionara con Bancaja. Gayoso aseguró en la misma cámara que sus funciones desde el año 2006, en CaixaNova primero y en NovaCaixaGalicia después, eran meramente representativas. Rubalcaba señala día sí, día también, a la bancada de enfrente con dedo acusador y las Marianadas se justifican a diario devolviendo el gesto en sentido contrario. Los ciudadanos se lanzan miradas furtivas cuando se cruzan por la calle, escudriñando en la frente del otro su historial crediticio. Para purgar las culpas nos declaramos analfabetos financieros a la merced del maligno rencarnado en el director de banco. Cerdos, ladrones, canallas. Recitamos, no tanto para que nos escuche el otro como para creerlo nosotros mismos.
«Yo no he sido». Alegaba una y otra vez jugueteando con los dedos y suplicando no sonrojarme demasiado. Los culpables los podemos buscar donde nos dé la gana. Podría ser mi hermano el que hubiera cambiado de sitio las tijeras, el banco el que nos llevó al desahucio, la prima de riesgo la que ahogó a los bancos, Zapatero el que creó la crisis, Rajoy el que la empeoró y el vecino de enfrente el que se la comió. Sigamos balanceándonos sobre nuestros talones hacia delante y hacia atrás y repitiendo «Yo no he sido» todo el tiempo que queramos. Aunque yo creo que lo más sensato ahora mismo es crecer, remangarse y salir de ésta. 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Dos metros y medio, una distancia de narices

Dos metros y medio. Ésa será la distancia que se marcará esta noche entre la nariz de Nicolas Sarkozy y la de Françoise Hollande. El debate, que será emitido a las 21.00 en TF1 y France2, podría condicionar el 11% del voto. O lo que es lo mismo, ser determinante para la victoria del candidato socialista (que cuenta con un 53,5% de apoyo según las encuestas) o para el actual presidente de la República (que según los sondeos ostenta el 46,5%). Quizás es por eso que está medido hasta el más mínimo detalle: la distancia entre los candidatos, la temperatura de la sala o incluso el modelo de las sillas sobre las que sentarán sus posaderas, regulables y sin posabrazos.
Toda Europa escuchará con atención sus palabras. En parte porque podría comprometerse el eje incondicional Francia-Alemania que forjó Sarkozy con Merkel. Algo que, si me permiten el atrevimiento, esperan muchos con impaciencia. Recordemos que las políticas de ajuste de la Canciller alemana ahogan las economías más debilitadas, como es el caso de la española. En cambio, de la victoria de Sarkozy podríamos esperar cualquier cosa. Si el presidente renovase su cargo en las urnas, colmaría de autoridad democrática su discurso electoral, donde menospreció una y otra vez a España comparándola con países intervenidos por la UE y el FMI.
No quiero decir con todo esto que Hollande vaya a ser la panacea de nada. Ni mucho menos, pero una victoria del pequeño Nicolas podría arrinconarnos en Europa más todavía.
Desde nuestro rincón, se esmera ahora el Gobierno de Rajoy en diferenciar el caso Kirchner del caso Morales. Es cierto que existen sus diferencias. Es cierto que Bolivia apenas posee el 1,5% de Red Eléctrica y también lo es que expropiar por nacionalizar un servicio parece menos pirata que hacerlo de forma arbitraria con una empresa privada simplemente para hacer negocio y ganar votos. Pero sí podemos licuar una realidad común de ambos ejemplos: a España se la toma por el pito del sereno en el mundo adelante. Malo para nosotros, sin duda, pero malo también para Europa y su economía común. Que es una farsa. Lo dicho, dos metros y medio es una distancia de narices.

lunes, 23 de abril de 2012

La bolsa, la gota fría y la masa enfurecida

Hemos roto el suelo de los 7.000. Las páginas de economía han pasado en unos años, no muchos, de ser las marginadas de la prensa a copar todas las portadas. Términos como Ibex, Prima de Riesgo o Déficit se han convertido en algo tan familiar como el pan, la sal o el bar de la esquina. Dicen que la rutina genera seguridad para el que vive preso de ella. Pero lo cierto es que nos hemos enfangado en un bucle insoportable, donde cada día leemos que la depresión financiera se agudiza en niveles superiores a los alcanzados hasta el momento. Y como batimos un récord diario, nos inmunizamos a esas informaciones que tratan cada vez de cubrirse con el término más dramático posible. La idea es vender.
Cuando se nos han fundido los plomos y las cifras bailan en nuestra cabeza borrachas perdidas por el simple tumulto, tropezamos con la crónica social. Las caras de la crisis. Los recortes que imponen los gobiernos, para sacarnos de la recesión en la que caemos sin remedio precisamente por tratar de salir de ella, se recogen en miradas. No importa que sea la de un paciente, la de un profesor, la de un jubilado, un parado, un becario, un empresario o un mariscador. No importa porque todas dicen lo mismo: cabreo. La mala leche nos sale porque intuimos que quienes nos mandan nos quitan a nosotros lo que no se quitan a ellos. Nos hierve la sangre porque vemos desfilar por el banquillo de los acusados a quienes, sin rubor, meten mano en las arcas después de haber pasado el cepillo apelando al cinturón, la colectividad y el Padre Nuestro. El bombardeo hace su efecto, porque a muchos ya se la resbala todo esto.
Se denomina fenómeno de la gota fría a una masa de aire que, demasiado caliente en superficie, asciende con velocidad y al llegar a alturas elevadas provoca tormentas y lluvias abundantes y frías generadas por la diferencia de presión.  Yo les digo una cosa. Sigan calentando a la masa enfurecida, generen la burbuja de irritación y siéntense a ver qué pasa. Aunque yo de ustedes cogería algo más que un paraguas.
Y sí, el Ibex hoy cerró en los 6.846 puntos.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Violencia estructural

Y yo que le tenía por un hombre sensato. Alberto Ruiz Gallardón, el ministro de Justicia de nuestro país, ha dicho hoy en el Parlamento que las mujeres se ven sometidas a una "violencia de género estructural por el mero hecho del embarazo” lo que según él las obliga a abortar. Relean, que está bien escrito.
Señor ministro, unas palabras: Violencia estructural es la que nos inflige el Gobierno cada día subyugándonos con unas reformas que no votamos. Violencia estructural es aquella a la que nos someten los bancos y el sistema financiero, que ustedes (lejos de cobrar responsabilidad alguna) amparan y protegen. La politización de la Justicia, de los medios de comunicación y del personal administrativo, eso es violencia estructural. Lo es también que los pobres sean más pobres cada día y los ricos se jubilen con sueldos vitalicios cada vez más altos. Violencia estructural es la que consiente y malcría la economía de mercado amén de pisotear a quienes la hacen posible. Y en definitiva, la violencia estructural es la que posibilita que tengamos ladrones dirigiendo nuestras instituciones y payasos arengando estupideces en las tribunas públicas. Usted es buen ejemplo.
La ley del aborto aprobada por los socialistas era un coladero. De acuerdo. Pero las palabras del ministro son una infamia. Amigos populares, ¿quieren que este país procree? Pues pongan el talonario sobre la mesa y hagan de la conciliación laboral y familiar una realidad. Verán cómo nos ponemos a ello. Y si lo que esconden tras sus palabras es simplemente un «llenarse las urnas de votos», hágannos un favor a todos los que seremos víctimas de su voluntad católica y de su ineptitud política: Ahórrennos oír también sus payasadas panfletarias.  
Decía la novelista británica Mary Anne Evans que «nadie puede ser sensato con el estómago vacío», me consta que ustedes comen bien. Demuéstrenlo.

jueves, 16 de febrero de 2012

Garzón

Es triste que el primer condenado de la trama Gürtel sea el juez, Baltasar Garzón. Imagino que en ese punto estamos todos de acuerdo. Mucho he leído sobre el magistrado de la Audiencia Nacional estos días, mucho y muy poco sensato. Líneas que traslucen revanchismos absurdos y palabras que conjuran cazas de brujas. Mucha ciencia ficción y poca chicha. El otro día me detuve en una fotografía que un conocido colgó en una red social. A un lado de la imagen Camps, bajo la palabra «inocente». Al otro Garzón, «culpable».
Vamos por partes. Camps fue declarado «no culpable», que no es lo mismo que inocente. El jurado lo absuelve bajo esos términos porque con las pruebas aportadas por la acusación popular (que ejercía en este caso el partido socialista valenciano) son incapaces de determinar, sin dudas, su culpabilidad de los cargos que se le imputan. Es decir, que aunque el hecho punible se haya establecido, el caso queda sobreseído y el imputado absuelto. Que medios como la Razón abanderen su inocencia no quiere decir que sea lo que se haya determinado en sala. Las palabras son muy importantes. Ahora me meto con Garzón.
Mucha confusión reina en las calles. Seguramente fruto de las malas informaciones, intencionadas o no, que vomitamos los medios todos los días. El juez andaluz estaba imputado en tres cuestiones diferentes. La primera por prevaricación en el caso de las escuchas (declarado culpable el pasado 8 de febrero por el Tribunal Supremo). La segunda por un delito de cohecho impropio por el cobro de 1,2 millones de dólares por unos cursos financiados en Nueva York en los años 2005 y 2006 (el Supremo archiva la causa el pasado 13 de febrero por haber prescrito). La tercera es la que tiene que ver con la investigación de los crímenes contra el franquismo, donde Manos Limpias y la asociación Libertad e Identidad piden su inhabilitación por entender que hubo prevaricación (visto para sentencia). Es importante no mezclar churras con merinas.
En cuanto a la que me ocupa, porque de ahí ha surgido toda la polémica, la de las escuchas. Al margen de mis simpatías con el señor Garzón, por su defensa encarnizada por los derechos humanos en medio planeta y por haber destapado la mierda debajo del culo de muchos (al margen de sus motivaciones, más o menos inocentes). He de decir que la condena me parece justa. Sí, porque los jueces no deben quedarse al margen de la justicia. Porque la trayectoria de un hombre, por loable que sea, no debe otorgarle inmunidad de acción y porque (y aunque deteste citar a algún popular que otro) el fin no justifica los medios. El juez consintió las escuchas entre los imputados en el caso Gürtel y sus abogados porque había indicios policiales de que los mismos servían de enlace para mantener la actividad delictiva, hasta ahí todo correcto. El fallo viene cuando el magistrado ordena prorrogar las escuchas a pesar de que Correa, Crespo y compañía hubieran designado otros abogados y sobre ellos no hubiera sospecha policial de que estuvieran cometiendo delito alguno. ¿Se imaginan el precedente jurídico que sentaría una sentencia en sentido contrario? «No es posible construir un proceso justo si se elimina esencialmente el derecho de defensa»* y por ello las restricciones posibles deben estar especialmente justificadas. En este caso no lo estaban.
A veces, los árboles no nos dejan ver el bosque. Hay quienes elegimos la profesión de trepar a las copas para narrar lo que vemos desde lo alto, pero si nos quedamos a medio camino, el latigazo de una hoja podría dejarnos miopes. Y todos sabemos que la ceguera es altamente contagiosa. Es triste que el primer condenado de la trama Gürtel sea el juez, Baltasar Garzón. Y lo que me llena de rabia es que perdamos a un juez tan brillante porque se haya deslumbrado con su propia luz.

* Estracto de la sentencia 79/2012 emitida por el Tribunal Supremo

jueves, 26 de enero de 2012

Camps y el pulgar de la vergüenza

La fotografía que me trae hoy hasta aquí es la de una sonrisa. La de una sonrisa y un pulgar levantado. Y un titular que la nutre: «Inocente». Qué quieren que les diga, ese retrato puede ocultar muchas cosas, pero la inocencia no es una de ellas. La mirada del que fuera presidente de la Comunidad valenciana se escapa del encuadre en un gesto cómplice y satisfecho.
Estoy en contra del jurado popular. No lo digo por el caso «Trajes» ni su resolución. Pero quiero que quede claro desde el principio. Algunos esgrimirán que es una herramienta garantista de nuestra democracia, pero a mí no me parece más que la cancha libre del despotismo en tropel. ¿Cómo se puede absolver a un tipo que admitió haber recibido regalos de implicados en la trama Gürtel? Quizás porque la gente de la calle no está preparada para decidir sobre la inocencia o la culpabilidad de un sujeto. En primer lugar porque no conocen la ley y en segundo porque el prejuicio pesa sobremanera en los casos tan mediatizados. 5 votos contra 4 y Camps en la calle sin responsabilidades. «¿Quién le devolverá ahora la honorabilidad?» preguntaba Cospe. ¿Quién se la devolverá a los tribunales? Le pregunto yo.
La imagen de la que os hablo acapara hoy todas las portadas. No importa las palabras que hayan elegido para acompañarla. Habla por si sola. El gesto del tío Paco refleja la supremacía de quien se sabe culpable y se contempla escapado. Un guiño a todos los que consienten y amparan un sistema que asfixia al justo y oxigena al corrupto. Yo me despido con la certeza de que éste será el primero de muchos y con las palabras del que fuera su sastre, José Tomás, sobre lo que opinaré de ahora en adelante cuando me pregunten por este asunto: «Me importa un carajo, que sea feliz y que presida el mundo».

martes, 17 de enero de 2012

Hemerotecas que matan y capitanes que huyen

«Nunca se ha salido de una crisis subiendo los impuestos». La frase es cojonuda, pero lamentablemente no es mía. La pronunció María Dolores de Cospedal cuando el Partido Popular todavía se retorcía en la oposición. No era una díscola ni una rebelde bajo las faldas de Mariano. «Subir los impuestos significa más paro, más recesión y pagar las gracietas de Zapatero». Esta la soltó Rajoy. Y debió gustarle porque la repitió incluso varias veces.
Dicen del que juega con fuego que se acaba quemando. Y las hemerotecas en este caso actúan como un bidón de gasolina. Esta vez el vídeo lo lanza el PSOE. Medicina amarga para el Partido Popular que, tras años deleitándonos con los montajes del Cejota y sus declaraciones sobre la crisis que no vio llegar, ha tardado tiempo récord en demostrarnos que su palabra es también papel mojado. Pero no se confundan, que no fue un despiste. Yo me inclino a pensar que les importa un bledo desdecirse. Sí. ¿Qué por qué? Veamos: Están empezando la legislatura, tienen mayoría en los cuatro niveles administrativos y a la oposición perdida en su propia identidad. ¿Entonces? Pues nada, vía libre y al ciudadano que le zurzan.
En este panorama desolador, de pagar las «gracietas» de unos y de otros, a mí hay algo que me consuela. Y es saber que hay cosas que nunca cambiarán: Los que mandan tomarán siempre medidas duras, pero siempre imprescindibles para salvaguardar el Estado del Bienestar. Y la oposición lo verá siempre al contrario, aunque ello signifique limpiarse el culo de forma incansable con sus principios. Sí. Piensen que quien capitanee este barco se aferrará al timón del poder todo lo que pueda. Salvo que vea peligrar su pellejo, que entonces pillará al contramaestre por banda y se largarán en salvavidas antes que nadie. ¿Les suena el nombre de Francesco Schettino?