lunes, 21 de noviembre de 2011

21N ¡A barrer el confeti!

Sabíamos que el 21 de noviembre nos despertaríamos con esta noticia: «El PP gana las elecciones». La única incertidumbre giraba en torno al cómo. Y al cuánto. Desveladas las incógnitas, poca sorpresa. Triunfo popular. Batacazo socialista. Auge nacionalista. El resto son notas de color y cifrado de hemeroteca. «Rajoy supera el récord de Aznar». «Rubalcaba sufre la peor derrota del PSOE». «La izquierda abertzale vuelve al Congreso». Ahora con los muebles en su sitio. O en el sitio que les hemos otorgado. (Que no es lo mismo, pero se parece). Toca barrer el confeti y pedirle al DJ -al de Génova especialmente- que se vaya para su casa.
Entre las tareas ingentes que tiene por delante el presidente electo, una urge sobre el resto: Tranquilizar a los mercados. «Que me den algo más de media hora», pedía Mariano Rajoy antes de los comicios. Poco más tendrá. A las puertas del 20N los titulares los copaba la Prima de Riesgo. Que nadie sabe lo que es, pero nos acojona a todos. Por hacer una aproximación de la situación financiera de España, en castellano, tener alta la Prima de Riesgo (de la que nos basta saber que es un indicador económico) es como ir a pedir un préstamo al banco con un descubierto en la cuenta. Ellos saben que no pagaremos y por mucho que subamos los tipos de interés, no verán el negocio por ningún lado.
Europa no entiende de velocidades españolas. Si el traspaso de poderes requiere su tiempo, que se lo tomen, pero quizás antes de cambiar los bonsáis por orquídeas en los pasillos de la Moncloa, Rajoy debiera escoger ya su interlocutor con la UE. No quisiéramos que llegase la señorona fenicia a meter las narices donde nosotros ya metimos la mano.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El gran monstruo se llamaba Europa

Sí, Berlusconi es un impresentable. El hasta hoy presidente del Consejo de Ministros de Italia estuvo 17 años al frente de su país. Fue un dirigente mafioso, zafio, corrupto y arrogante. No es una cuestión ideológica. Sólo bajo su batuta alguien podría pensar que suspender un procedimiento penal contra los cuatro altos dirigentes del Estado, por el simple hecho de serlo, era buena idea. Sí, Berlusconi es un impresentable. Pero es el impresentable que escogió democráticamente su pueblo.
No voy a entrar a valorar aquí si se tiró o no a una menor. Si abusó o no de su poder. Si violó o no el derecho de información de miles de ciudadanos europeos. Ni si quiera si tuvo alguna vez relaciones reales con la Mafia. No voy a entrar a valorarlo porque me importa poco. Tan poco, o menos quizás, que el origen de su bronceado. De eso que se ocupen los jueces. Y los italianos. Lo que me interesa de todo este asunto son otra vez las maneras. Dichosas maneras. No las suyas, sino las de Europa.
Lo vivido en Italia es una alarma más que debiera llegar a nuestros oídos. Siempre me he considerado europeísta, pero esto ya clama al cielo. Leo en la prensa los supuestos festejos que tienen lugar por las calles de Roma. «Una explosión de alegría», «llega una nueva era para Italia», «caravanas de automóviles con banderas nacionales» o «los italianos corean exultantes “a la cárcel, a la cárcel” contra el ya ex mandatario de su país». Oigan, que Berlusconi era un líder democrático. Y no piropeo. Digo que de facto, lo era. Italia es una democracia desde la caída de Mussolini, aunque leyendo los titulares parece que tanques de la OTAN han tenido que entrar en la capital y derribar por la fuerza la estatua del Cavaliere como si fuera la de Sadam Hussein.
Supongo que así funciona el gran monstruo llamado Europa que hemos creado entre todos. Supeditarse al poder político a cambio de ciertas prestaciones económicas. Porque al final es eso, el banco te regala la tele de plasma, pero si no cumples con los pagos de la hipoteca (y sus intereses) te embargan la casa.