viernes, 9 de septiembre de 2011

Chapuzas con denominación de origen

Hay cuestiones que me irritan las entrañas. Pleno extraordinario para aprobar un paquete de medidas anticrisis y aplacar (por duodécimo intento) a los mercados. Es martes, 30 de agosto. Entre las frases del presidente, ZP, se cuela ésta «Como entiendo que ésta es una decisión estructural y no coyuntural, muy mayoritariamente asumida por la sociedad española y por sus representantes, deberíamos estar en condiciones de trasladarla a nuestra Constitución, como otras grandes economías europeas». Toma ya.
Los minoritarios se revuelven en sus asientos. En Rubalcaba vemos la tensión de quien tendrá que abonar la factura electoral de todo aquel tingalo. En Rajoy, la satisfacción de quien va a soltar la frase «Te lo dije» tras años de contención. Y ante la estupefacción de los ciudadanos, en apenas diez minutos, se despacha un consenso que se había atragantado casi una década. Diez minutos fue lo que tardó Zapatero en soltar y Rajoy en recoger.
La Constitución se tocará, pero no con el mimo celoso de quien lleva años preservándola, sino con la violencia del proxeneta, que toma como suyo lo que no le pertenece. No modificamos en la Carta Magna la reforma del Senado, que se ha convertido en un parking de jubilados. Tampoco la territorialidad, ni si quiera abordamos la cuestión de la sucesión monárquica. Para qué. No. Acotamos el gasto público fijando, por mandato constitucional, la estabilidad presupuestaria. Vía de urgencia, que el 27 disolvemos cortes. Ala. Deberes hechos con Europa y a los ciudadanos que les den por saco.
En los colegios españoles deberían enseñar a los párvulos que hay que distinguir a las personas según sean hombres, mujeres y políticos. Claro que luego están los políticos y los politicuchos, pero eso debiera ser ya carne de temario en la ESO. Cuando los alumnos tengan la capacidad de diferenciar a los políticos como un fenómeno extinto de la historia moderna y a los politicuchos como el cáncer invasivo de la historia contemporánea.