lunes, 25 de julio de 2011

El tío Paco y sus amiguitos del alma

Ocurrió un miércoles cualquiera. Después de arrasar en las elecciones autonómicas convocadas para el 2011, Francisco Camps anunciaba su dimisión el 20 de julio.
Lo de tío Paco tiene su historia. Corría el año 2009 cuando Francisco Camps era rebautizado por el pueblo gitano. El mote se lo pusieron ellos, un apelativo cariñoso en reconocimiento por su labor –e inversión– a favor de la comunidad gitana. Para los romaníes, el tío es una figura que infunde respeto y a quien se puede acudir a solicitar consejo. Poco importaron después las irregularidades que salpicaron al president. El día antes de sentarse a declarar por su presunta implicación en el caso Gürtel era aclamado en la calle al grito de «tío Paco».
En su partido también lo apoyaron, aunque desde la distancia de quien no quiere salpicarse por la mierda. Los barones del PP sabían que Camps era un peso fuerte en Levante. Los millones de votos que arrastró en la última convocatoria electoral, incluso con el tufillo de la irregularidad impregnado en sus trajes, dan buena cuenta de ello. Eso sí, el hedor de los últimos tiempos debía ser insoportable. Se hartaron los señores del PP y la presión creció en torno al valenciano. Nada debía turbar el camino de Mariano Rajoy a la Moncloa y menos nada dentro de su propio partido.
El portavoz de Rajoy fue Federico Trillo. El ex ministro de Defensa tenía como misión que el valenciano se declarase culpable. No lo consiguió, pero casi. «Ofrezco mi sacrificio a España», dijo tras su dimisión. «Inocente, completamente inocente de las barbaridades que durante estos años se han dicho de mí". Tampoco se crean que los de la gaviota se lo han sacudido de encima del todo. No. Camps tiene miedo de que le juzgue un tribunal ordinario y por ello ha renunciado de momento a dejar su escaño (sólo así mantiene el aforamiento para que le juzgue el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana). O sea, que está fuera, pero mañana tendrá algo que decir en la designación de su sucesor.
«Feliz Navidad, amiguito del alma. Oye... que te sigo queriendo mucho». Podía ser un diálogo de los Teletubbies, pero son Palabras de Camps a Álvaro Pérez, el Bigotes. El segundo de Francisco Correa en la trama de los trajes respondía al líder popular: «Y yo también... tenía que haberte llamado, te quería haber llamado, para contarte todo, cómo fue, para decirte que tienes un amigo maravilloso». La conversación la filtraba el diario El País hace algo más de dos años y a día de hoy todavía me pregunto si cuando mantenía conversaciones telefónicas con Rajoy (en los tiempos en los que todavía se sonreían en los mítines) jugaban como una pareja de enamorados a ver quién colgaba antes.

miércoles, 13 de julio de 2011

No tenemos ni un puto duro

Empezamos el mes como a mí me gusta. Con detenciones. La operación Saga ejemplificaba hace unas semanas esa verdad universal que recoge nuestro refranero nacional: «Cree el ladrón que todos son de su condición». En el año 2002, en plena eclosión digital, una resolución judicial fallaba a favor de la SGAE. El objetivo era paliar los daños de la piratería y el denominado robo intelectual. Cada disco en blanco vendido supondría para las arcas del organismo de los autores 24 céntimos de euro. Se gestó, en los años siguientes, una lucha entre el consumidor y la industria. El primero denunciando precios abusivos y la segunda buscando fórmulas más competitivas. Entretanto, los señores de la SGAE se apoltronaron en sus académicos sillones mientras señalaban con el dedo a los usuarios. Éramos todos unos ladrones. El 1 de julio de este año que mediamos, la cúpula directiva de la SGAE fue pillada con las manos en una masa de desvío de fondos por valor de 400 millones de euros. Hablamos de los beneficios reportados por el canon de más de un billón (con b) y medio de cedés. Ahí es nada.
Apenas seis días después, el 7 de julio, el deán de la Catedral de Santiago de Compostela anunciaba que el Códice Calixtino había desaparecido de su sitio. El manuscrito del siglo XII era la primera guía peregrina y el texto original más preciado de Galicia. «El robo* del siglo», titularon los periódicos. Aunque en este caso la pericia de los ladrones no pudo competir con la cagada de sus guardianes. ¿Está capacitada la Iglesia para proteger nuestro patrimonio? Las medidas de seguridad eran francamente pobres: La cámara acorazada tenía las llaves en la propia cerradura, no había aparatos de vídeo vigilancia controlando las entradas y aunque eran tres las personas con acceso al habitáculo, lo cierto es que por ahí todos se paseaban como Pedro por su casa. Por cierto, que en la mía –hablo de mi casa– somos de la teoría de que el libro está todavía cobijado por alguna sotana. ¿Saben que al pie de la Catedral pueden comprar réplicas del códice? 2.500 euros la unidad.
Ayer, y ya nos ponemos en el día 12, Francisco Camps cambió su versión sobre la trama Gürtel. El presidente de la comunidad valenciana admitía que recibió trajes como regalo de varias empresas salpicadas por el caso. Llevaba más dos años rechazando esta posibilidad. No se ha vuelto loco. Lo admite porque ha encontrado un escollo mejor que la negación en la propia ley. Claro, porque si los trajes los recibe en calidad de líder del PP regional y no como presidente de la comunidad, quedaría libre de un delito de cohecho. Relean despacio y traten de cerrar la boca. Recuerdo que el decano del colegio de abogados de Coruña, Antonio Platas, me dijo una vez que hay dos formas de entender el derecho. La primera consistía en estudiar un problema, buscar qué dice la ley y determinar, en base a ella, quién tiene razón. La segunda fórmula y también la buena, por el contrario, partía de estudiar el problema, aplicar el sentido común y después, arroparlo de argumentos legales. No sé qué les dice a ustedes el sentido común en este caso, pero yo creo que vale ya de tomarnos el pelo.
Aun quiero cerrar este texto con dos «robos» más que tenían lugar este mes. El presidente del Congreso, José Bono y la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, eran víctimas de micrófonos indiscretos. Al primero se le escapaba el genio después de enunciar varias veces sin éxito una moción de censura de los populares en la cámara baja: «¡Estoy hasta los huevos!». Y no es la primera vez que los menta. La segunda también es veterana en estos despistes y en un encuentro con Gallardón en el BBVA le expuso sin remilgos la situación financiera de la comunidad autónoma. Permítanme que cierre esta entrada con sus palabras, porque desde la operación Saga hasta la aseveración del señor Bono todo este pasaje tiene un claro factor determinante: «No tenemos ni un puto duro».

*A pesar de que titularon el suceso como un robo, lo correcto sería haber utilizado el sustantivo hurto, ya que la extracción se produjo sin violencia ni intimidación. Y ya que estamos me gustaría aprovechar para dar un tirón de orejas a todos aquellos medios (que no fueron pocos) que utilizaron la palabra incunable para definir al Códice. Señores, siglo XII, no XVI. A ver si usan el diccionario de vez en cuando!