martes, 19 de abril de 2011

Marineda City

En mi ciudad no se habla de otra cosa. Marineda City copa las conversaciones de ascensor por delante de las tormentas de abril, las municipales de mayo o el derbi Barça-Madrid.
La revolución no es injustificada. 500.000 metros cuadrados de centro comercial lo convierten en el espacio de consumo más grande de España y el tercero de Europa. El bum de los gigantes comerciales en el área metropolitana de Coruña es la comidilla favorita de quien quiere echar pestes de la crisis. Y es que tanta ostentación, no puede ser buena.
Por su nombre, además de la tontería del spanglish – que hace gala de los maricomplejismos de esta ciudad–, se deduce que Marineda City es un concepto que va más allá del área comercial. Sus promotores quisieron plantear el proyecto como una ciudad. En agosto entrará en funcionamiento el complejo hotelero: Carrís Marineda, con 113 habitaciones y cuatro estrellas. 6.500 plazas de párking, un Corte Inglés, un Ikea, Vogue, Worten, Decathlon, Inditex en todas sus versiones y un sinfín de marcas que no quisieron quedarse fuera y que están funcionando ya. Por supuesto hay cines y mini-golf y 2.100 metros cuadrados de karting indoor. Hasta hay un fantasma de PC City.
El pequeño comercio se retuerce. Por el centro de la ciudad los locales desiertos se multiplican y los carteles de liquidación son una constante. Muchos hablan de crisis, de rentas altas, de urbanismos absurdos, de competencias desleales. Una campaña de acoso y derribo parece cernirse sobre ellos. No recuerdo con quien lo comentaba el otro día, las circunstancias son difíciles, pero el grueso del problema es una cuestión de actitud. Maldita actitud.
Hace unos días se celebró en Coruña un congreso del pequeño comercio. El acto estaba pensado para plantear fórmulas que reforzasen la competitividad de estos negocios: ofertas de párking conjuntas, cursos de innovación, informatización de los locales, alternativas 3.0… La dinámica de renovarse o morir para prestar batalla a Goliat. Nada. El congreso fue un fracaso de asistencia.
A lo mejor el problema está en ver Marineda como un golpe en lugar de como un empujón que, por otra parte, ya venía haciendo falta. Alguien me enseñó una vez que cuando los acontecimientos se tuercen es cuando hay que sacar lo mejor de uno y decir: «¿Ah, sí? Pues aquí estoy yo». Ahora toca venirse arriba y dejar la desidia para las canciones. Tenemos una ciudad que sacar adelante.

jueves, 7 de abril de 2011

Crebinsky

Una ola gigante arrastra a dos hermanos y a su vaca Muchka lejos de casa. Aislados en la costa ortegana, los hermanos Crebinsky crecen inconscientes del momento político que les rodea. La antesala del desembarco de Normandía. Una inocencia que marcará la trama de este largometraje gallego, tan simpático como tierno.
Lo describía bien el padre de la obra, Enrique Otero: «Un cuentecito» con el que no puedes dejar de sonreír. 90 minutos de un guión descabellado construido a partir de los gestos más cotidianos. Un guión simpático, una localización cuidada y una banda sonora sensacional vienen a demostrar que no hace falta mucho dinero para hacer buen cine.
Si todavía no les he convencido para ir corriendo a la taquilla, les hago ahora el reclamo de la estrella: ¿Se imaginan a Luis Tosar caracterizado de capitán yankee y parloteando inglés con acentazo de Santiago? Yo que pensé que con la versión de bailar pegados de los Goya lo había visto todo… Mañana el universo Crebinsky aterriza en los cines, auguro buena taquilla.

lunes, 4 de abril de 2011

Adiós José Luis, adiós

José Luis Rodríguez Zapatero irrumpió en la Moncloa cuando nadie se lo esperaba. No estaba en los cálculos de las encuestas, tampoco en los de la derecha y ningún medio de comunicación se atrevía a vaticinarlo si quiera. En un momento histórico en el que España tenía hambre de formas, la mala gestión del gobierno tras el 11-M desbocó el apetito. Aupado por un hartazgo popular que respondía más a un impulso que a una convicción, a Zapatero la victoria le llamó a la puerta de casa.
Cuando llegó al poder en 2004, tenía un proyecto claro: volcarse con la política social. A lomos de una prosperidad económica heredada, se propuso ser el acicate de las asignaturas pendientes del país: la inmigración, el terrorismo, la violencia doméstica, la educación y la sanidad. Tampoco podía dejar de atender a una de las reivindicaciones más obstinadas de la izquierda: la justicia histórica con los represaliados por la Guerra Civil. Se puso en marcha embarrado por una ingenuidad torpe, queriendo ver en la población una mentalidad más europea y menos castiza que la que realmente se iba a echar en cara. Dio igual lo buenas que fueran sus intenciones. Medios y oposición, incómodos por un presidente que se había colado en su puesto, ni compartían ni entendían sus políticas.
Fruto de esa incomprensión, el desconocimiento abrió camino al titular fácil. La ley de educación, sólo se recordará por la disposición de Educación para la ciudadanía. La ley del aborto sólo por la exclusión del consentimiento paterno en jóvenes de 16 y 17 años. ¿Han preguntado por ahí que entiende la gente por la Ley Sinde? La mayoría no sabe que es una ley que pretende buscarle una alternativa al ladrillo. Zapatero pensó que su gobierno no sabía comunicar, pero yo creo que el trasfondo del problema era, y es, mucho más sonrojante.
La depresión económica le vino encima sin que pudiera hacer nada por evitarla. Convencido de que la cresta de la bonanza no se podría acabar de repente, intentó postergar la realidad a ojos de los ciudadanos y hacer oídos sordos a los augurios. El 2008 repitió como elegido y con más de la mitad de sus políticas a medias, se vería, por primera vez, en el brete de gobernar de verdad. Había que gestionar unos recursos cada vez más limitados para nutrir unas políticas que requerían, cada vez, de un esfuerzo económico más ilimitado. Y lo hizo hasta que la situación fue insostenible.
Dio de lado a su partido y a sus ideologías, también a sus proyectos sociales. Tuvo que frenar y darle la vuelta a todo su programa electoral, lo que le costó antipatías no sólo entre sus votantes, militantes y barones. Y lo hizo, yo lo creo, porque consideró que era lo que tenía que hacer, aunque le costase la cabeza. Aunque tuviera que aplicar políticas de derechas.
Zapatero pasará a la historia como el presidente de las chorradas. Nadie le recordará por su voluntad social, por su afán de solucionar a través del diálogo y por aguantar las formas en la peor de las situaciones. Tampoco, aunque lo es, por ser un buen estratega. Le recordarán por el cheque bebé, por su ley anti-descargas, por quitar las estatuas de Franco de las calles y por prohibir fumar en los bares.
Hay quien dice que dejó al partido huérfano, de líder y de ideología. Yo creo que, personificando en él toda la responsabilidad de su gobierno y de sus futilidades, hizo precisamente todo lo contrario. El día que anunció que lo dejaba, fueron muchos los que estallaron en vítores (muchos de su propio partido). Yo me pregunto si los que jalean son conscientes de que los problemas no se acaban con Zapatero. Con Zapatero, señores, sólo se va una diana. Ahora toca preguntarse a dónde señalaran los dedos y si los señalados asumirán sus responsabilidades.