jueves, 20 de enero de 2011

De pinganillos que traducen en Babel

Cuenta la tradición judeocristiana que los hombres querían alcanzar el cielo construyendo una torre. Yahveh, en su magnanimidad torcida, pensó que era mejor impedirlo. Con la idea de confundirlos e interrumpir las obras, decidió que desde ese momento, todos hablasen lenguas diferentes. Nació Babel.

Estos días, Obama recibe al presidente chino, Hu Jintao, en la Casa Blanca. Lo hace con los máximos honores. Y lo hace a sabiendas. La explosión económica reciente del país asiático ya ha conseguido que tiemblen los dólares yankees. Y todos sabemos aquello que dicen: si no puedes con el enemigo, es mejor que te arrimes mucho a él. Vaya por delante que, cara a la galería, al de los ojos rasgados le espera un buen tirón de orejas esta tarde. Al fin y al cabo, tiene a un Nobel de la paz en la cárcel.
Italia es una casa de putas. Y no escribo en sentido figurado. Verán porqué lo digo. Un día a Berlusconi le arrearon un mamporro en toda la boca con una miniatura de la Catedral de Milán. La dentista que le devolvió su dignidad impresionó al Cavaliere (les dejo a ustedes la tarea de determinar el porqué, pero pueden buscar fotos de Nicole Minetti). Tanto la impresionó que pasó de higienista dental a consejera regional de Lombardía en una semana. Ahora está siendo investigada por la Fiscalía de Milán por un asunto de corrupción de menores que podría comprometer a Silvio. ¿Se acuerdan de la joven marroquí a la que el presidente italiano sacó de la cárcel? Ruby vuelve a ser noticia.
Mientras, los cables de Wikileaks han destapado en Túnez una corrupción que deja al Gürtel a la altura de los aficionados. A la gente se le ha colmado el vaso y las revueltas no sólo inundan sus calles sino que amenazan con anegar las de otros países. Gadafi ya enseñó las uñas, por si acaso.
Desde esta semana, en el Senado español, sus señorías pueden usar las lenguas cooficiales durante sus intervenciones. 350 mil euros al año irán destinados a costear el plurilingüismo de la Cámara Alta. No se crean que es una cuestión de comprensión, se trata más bien de «representación territorial». Qué quieren que les diga, con cinco millones de parados, a mí me sienta como un escupitajo a mi inteligencia.

No necesitábamos el dedo de Dios para desistir en Babel. Nuestro problema de entendimiento, señores, no es idiomático, es visceral.

martes, 11 de enero de 2011

Gaiás

La historia está plagada de caprichosos. Quizás porque la veleidad es algo tan inherente al hombre como las uñas, los dientes o los pelos de la nariz. Tenemos el mundo poblado con sus improntas: Las pirámides de Egipto, el Taj Mahal, el Coliseo de Roma o la tumba de Qinshihuang. Y no quiero desmerecer con mis palabras el legado histórico que nos han dejado todas estas maravillas, sólo poner de manifiesto hasta dónde llega la naturaleza del hombre, que es capaz de anhelar la inmortalidad yéndose a la tumba junto a miles de figuritas de Terracota.
Por eso la democracia es el menos malo de los sistemas porque, además de evitarnos muchas barbaridades, es un subterfugio y filtro de muchas extravagancias individuales. Quiero subrayar la palabra muchas. El monte Gaiás es la visión de un viejo demente. Sí, la Ciudad de la Cultura es la ostentación vanidosa de un anciano que en toda su vida no necesitó más mausoleo que su trayectoria política. Y tanto escasean los líderes que cuando vemos algo que se parece a un estadista, corremos tras él con los ojos cerrados. Claro, y tan ciegos vamos que nos olvidamos que el poder corrompe, que la responsabilidad desgasta y que la mente patina con los años.
351 millones de euros es lo que nos cuesta su complacencia.Trece hectáreas de nada. Y vacuos, atormentados por la culpa y la estupidez, intentamos maquillar la falta: «Será destino de peregrinaciones laicas», «una referencia cultural sin precedentes», «un símbolo para Galicia» (como si no los tuviéramos ya). Hasta invitamos a la realeza a inaugurar un mar de piedra que no tiene destino ni objeto más allá que el de caer en la condenada dinámica del monumento gallego: criar musgo. En diciembre Galicia superó los 237.000 parados. Pero que eso no os inquiete, hemos hecho feliz a un muerto.