domingo, 4 de diciembre de 2011

El silencio de los honrados

Ayer se cumplían tres años de la muerte de Igancio Uría Mendizabal. En su día escribí este texto para un blog diferente. Hoy lo rescato, por rescatar su recuerdo.

Les voy a contar la historia de un hombre y su pueblo. O la tragedia de un hombre por mano de su pueblo.
La persona que describo ronda los 71 inviernos, tiene el pelo cano y unos ojos visionarios que en los últimos años han tenido que recibir ayuda de unas gafas. Empresario, como su padre. Cree en la filosofía de convertir el negocio en un beneficio para la comunidad en la que vive. Tiene un carácter afable y divertido, del que disfrutan su mujer y sus cinco hijos.
Los dedos de la tragedia penetran en sus entrañas cuando digo su nombre: Ignacio Uria Mendizábal. Porque la zafiedad nacionalista tiene la cerda costumbre de dejarse las uñas largas para desgarrar cuanto encuentra a su paso. Claro, Ignacio tiene un defecto, ser guipuzcoano; de Azpeitia. Si Ignacio no fuera vasco, ningún miércoles 3 de diciembre le habría perforado la frente y el pecho con 9 milímetros de odio. Pero lo era, su bar era el Kiruri y su idioma el euskera. Su delito, el AVE; su sentencia, la muerte.
En su Ayuntamiento no proclamaron la repulsa por su asesinato, ni condenaron a sus ejecutores; la ikurriña no ondeó a media asta y el silencio se hizo cargo de validar el crimen. Y es que en Azpeitia no hay democracia, porque cuando matan a uno de sus ciudadanos la complicidad del mutismo de ANV se convierte en un hedor insoportable. En el Kiruri siguen jugando a las cartas y en los órganos de gobierno se hace y deshace con una pluma en la mano y una metralleta en la otra.

No da tanto miedo la maldad de los perversos
Como el silencio de los honrados

1 comentario: