martes, 7 de junio de 2011

España y las muletas con claxon

El pasado viernes operaron a Don Juan Carlos. Por lo visto, la articulación de su rodilla derecha daba problemas y el equipo médico del hospital madrileño de San José decidió intervenirle para colocarle una prótesis. El domingo a mediodía, y después de ver las motos, al monarca le daban el alta médica gracias a una evolución favorable. Hasta aquí todo normal. Ese mismo día, en las televisiones del país, pudimos ver al Rey, acompañado del plantel hospitalario, saludando a la prensa. ¿Demasiado sonrientes tal vez? El motivo del buen humor del grupo lo conocíamos de boca del propio monarca, se iba del hospital con unas muletas provistas de claxon.
Hace un tiempo que este país sufre una cojera lastimosa. Aunque en este caso más que una articulación, flaquea todo el esqueleto. Primero la crisis económica, que se muestra eterna e irresoluble. Cuando parece que el paro nos da un respiro (estacionalidades al margen), se nos echan encima los alemanes lenguaraces y nos provocan pérdidas millonarias impepinables (vaya con toda mi sorna el adjetivo escogido). De segundo nos merendamos la depresión política, que delata una irresponsabilidad sin precedentes en la historia de nuestra democracia. Mientras unos llaman a la austeridad y especulan con la quiebra, otros alertan cábalas de copago. Decía Mariano Rajoy ayer que el Gobierno debería negociar «a calzón quitado con las comunidades autónomas» y yo le digo al señor del hablar traboso, que se despelote también en la cámara baja y que nos cuente lo que pretende hacer con el sistema sanitario. ¿No les parece increíble que siendo insostenible el sistema de comunidades autónomas y el sistema público de salud, nos planteemos antes la privatización del segundo que la supresión del primero? Me gustaría saber qué priorizarían los ciudadanos, aunque nunca harán esa pregunta en la calle porque quien debe hacerla gusta de tener el culo caliente bajo los calzones. No hay dos sin tres, dicen. De postre, el soufflé social viene flambeado de más. Los chicos de Sol siguen en Sol, pero sin una acción clara definida los políticos les toman por el pito del sereno (muy respaldados por los medios, que empiezan a ver la noticia en las legañas de los campamentos, más que en sus gargantas) y la crisis se ceba con ellos con el paso lento, pero inexpugnable del tiempo.
Total, que después de pasarnos por la consulta, el matasanos nos dice que para la renquera hay que intervenir a pelo, sin anestesia. Me quita usted las mariconadas de la negociación colectiva, del consenso entre partidos y la conciencia de país. No se intranquilicen. Las puertas automáticas del centro se abrirán para nosotros un domingo cualquiera a mediodía. Endeudados hasta las orejas y doloridos de tanto palo, nos iremos a casa con el alta en la mano y una cojera de por vida. Antes de que se den cuenta, estarán mirando a cámara y sonriendo satisfechos porque sí, les acaban de meter un dedo por el culo, pero ¿quién puede fardar de llevar claxon en sus muletas?

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