martes, 22 de febrero de 2011

Gadafi, el rebaño y las distancias cortas

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Separó las luces de las sombras, el mar de la tierra y creó las plantas, los animales y las estrellas. Después, vinieron las cagadas.

Mohamed Bouazizi, un parado tunecino de 26 años, se prendía fuego el 4 de enero después de que la Policía le confiscara el carro de la fruta que vendía para sobrevivir. Diez días después, Zine El Abidine Ben Ali ―el presidente de la república de Túnez― huía del país. Apenas un mes más tarde, le tocaría el turno a Mubarak.
Muamar Gadafi estaba preparado. Sabía que era cuestión de tiempo que la oleada de descontento llegase a su país. El 15 de febrero, los libios se echan a la calle. El ejército se divide. Son muchos los militares que abandonan sus puestos y muchos los cuarteles que quedan abandonados. El pueblo se arma. El ambiente se tensa. Y entre tanto, el tirano hace lo que mejor sabe.
Al líder libio no le tembló la mano, armó a su ejército, lo subió por los aires y como en los juegos de arcade, probó puntería. El slogan de Brummel asegura que es en las distancias cortas cuando un hombre se la juega y Gadafi, simplemente, quiso apostar sobre seguro.
Los ojos del mundo están puestos en Oriente Próximo. Y como siempre, cuando miramos lo que no entendemos, prejuzgamos. Metemos en una coctelera la subida del petróleo, los dictadores, las revueltas, la libertad, la democracia, la crisis ―¿por qué no?― y a los Hermanos Musulmanes. Tras agitar bien, rociamos el tema con una de comunidad internacional y cascos azules y nos damos una palmadita en la espalda por nuestro conocimiento sobre esas páginas del periódico que hace unos días pasábamos sin demasiado interés.
Y fruto de ese sesudo estudio sobre la zona, que versa en unos cuantos días leyendo titulares, nos creemos con la potestad de soltar por la boca cuanta idea absurda cruza nuestra mente. Espero no descubrirles nada, pero los cientos de árabes que ven todos los días a través de sus pantallas no claman por la libertad ni por la democracia. No al menos por como aquí las entendemos. Sinceramente, una ya se cansa de oír y leer pensamientos pseudo hippies que no aportan nada. Señores, dejen de ver pelis yankees que con tanto déspota al frente no necesitamos una recua de necios a la orden.

2 comentarios:

  1. Cuántas cosas escondías en esa cabecita que se sentó al lado tantas mañanas, y yo sin saberlo...

    ResponderEliminar
  2. Esconder? Pero si soy como un libro abierto!! JAJAJA

    ResponderEliminar