miércoles, 1 de septiembre de 2010

Pequeños cabrones

Son pequeños tiranos. Puedes verlos por tu calle, al doblar la esquina. Se comportan como adultos enanos. Enanos y malvados. Visten y se mueven como payasos, porque creen que así se granjean el respeto de sus iguales. Otros payasos.
Fuman, insultan, escupen y pegan. Y beben. Se emborrachan con la avidez congénita de los adolescentes, pero todavía son unos niños. En Vigo se presenta ya más de una denuncia al mes de padres maltratados por sus hijos. No pueden con ellos. Gritan, dan patadas, faltan al respeto y golpean. Muchos aun no han alcanzado los 14 años.
Hasta 9.000 denuncias de este tipo se produjeron el año pasado en nuestro país. Y yo me pregunto. ¿Quiénes son los responsables? ¿Los padres que los malcrían o el Gobierno que malcría a los padres? Seguramente es la pescadilla que se muerde la cola.
La Xunta ha sacado nueva iniciativa para el nuevo curso. Dar autoridad a los profesores. Sí, autoridad como la que tiene el policía. Perros guardianes. ¿Saben qué ocurre cuando se le otorga autoridad a un hombre que no sabe imponerla por sí mismo? Hagan cábalas. Porque a mí todo esto me parece dar palos de ciego.
Imagínense ahora la escena: Un padre le da un sopapo a un chaval en la calle. Dedos acusadores se ciernen sobre él. Lo tachan de lacra social, lo meten entre rejas y le imponen una orden de alejamiento. Al crío lo envuelven entre psicólogos y diálogo, justificando sus caprichos en lugar de ponerles freno. 20 años después, el tirano, adulto por fin, se hace con una escopeta y se carga a su mujer. Y desde las esquinas murmuran: «Claro, su padre le pegaba». ¿Una locura?

Miembros y miembras, una advertencia, la sociedad de las buenas formas que estamos creando apesta. Y ese tufo sólo puede desprenderlo la podredumbre.

2 comentarios:

  1. Buen enigma...
    Pero nunca se hablo de estas cosas y las cosas iban medianamente bien. Algo pasara en esta maldita sociedad, empezando por nuestros politicos, que nos harian un gran favor si se fueran a tomar por saco. Y los que los votamos, con ellos.

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  2. Derrotista, pero certero. Yo me uno a las palabras de Labordeta: ¡A la mierda!

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