sábado, 18 de septiembre de 2010

A Melilla hemos de ir...

Agárrense. En este país que un español se desplace por su territorio puede resultar molesto. Incluso inoportuno. Como lo oyen. Y esperen que viene lo mejor: En este país que una discoteca se llame La Meca no sólo puede resultar un fastidio sino que pueden llegar a tacharlo de irrespetuoso. Yo se lo advierto, de aquí a cuatro años estamos todos de psicoanalista. Me indigna que la gente se forme una opinión de lo que pasa en base a las gilipolleces que sueltan todo el día por la boca los de la palestra, pero me indigna mucho más que confundamos tolerancia con estupidez.
El conflicto de España con Marruecos tiene varias vertientes, pero el de Ceuta y Melilla no es una de ellas. En esas ciudades hay la tensión que provoca un primer mundo viviendo colindante con un tercero, ni más ni menos. Porque lo cierto es que Ceuta y Melilla nunca fueron de Marruecos, pero le necesitan tanto como el país africano necesita a Ceuta y a Melilla. A unas Ceuta y Melilla europeas. Ambas ciudades viven gracias al comercio con Marruecos y este comercio nutre a toda la cornisa norteña del Rif. Y es indudable que si estas ciudades pasaran bajo soberanía marroquí, dicho comercio cesaría porque desaparecerían ciertas prebendas otorgadas por la gran madre Europa. Es lo que se conoce como simbiosis.
Así que a ver si nos dejamos de gilipolleces partidistas y empezamos a pensar como un Estado. Y luego está el tema tolerancia. Si una chavala puede ir con velo o no a la escuela es un tema espinoso. Que no puedas tomarte una copa en un recinto con minarete dentro de un país que, sí, tiene una población creciente de musulmanes, pero no deja de ser una minoría marginal. Es un absurdo. El tema no va más allá de la anécdota, pero si empezamos a ceder en nombre de la tolerancia y el respeto dentro de poco llevar en España a la virgen del Carmen colgada del cuello empezará a ser una ofensa. Y por ahí sí que no paso.

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