martes, 10 de agosto de 2010

Sella 2010: partida y regreso

Todo parecía presagiar el desastre. Varios kilómetros antes de llegar a Arriondas los coches acumulados por los arcenes convivían con toneladas de basura, puestos ambulantes regidos por gordos sudorosos y sucios y cientos de miles de personas en un estado etílico lamentable. Avanzábamos con muchísima dificultad.
Hinchamos nuestra lancha con la ayuda de un surtidor de aire, nos armamos con remos y provisiones y encaramos el Sella con más resignación que ganas. Tardamos algo más de 10 minutos en decidir cómo íbamos a subirnos: sin empaparnos y sin volcar, claro. Los borrachos de ambas orillas empezaban ya a vitorearnos, impacientes por ver cómo tres monísimas mujeres iban a acabar caladas de pies a cabeza, antes incluso de empezar el descenso. Suerte del principiante supongo, pero conseguimos salir a flote con cierta elegancia y también, he de decirlo, bastante secas.
Rondaban las cuatro de la tarde. Los 900 palistas que competían en la bajada ya habían alcanzado Ribadesella hacía horas y por el cauce del río tan sólo quedaba algún despistado. Algún despistado y nosotras.
Nos dimos cuenta tarde que habíamos colocado mal los remos. Cuando quisimos dar la primera palada comprendimos que los habíamos montado al revés y que era mucho más corta la parte que entraba en el agua que la que sobresalía dentro de la balsa. Sólo fuimos capaces de corregir uno de ellos. El otro, casi tan terco como yo, no quiso desenroscarse por más que lo intentaron fornidos alcohólicos que chapoteaban por el río.
Nos encontramos por primera vez solas ante aquel paraje natural, tan precioso como temible. Temible porque por primera vez fuimos conscientes de que con aquella lancha hinchable, un par de remos mal colocados, algo de comida, un teléfono y mucho alcohol, teníamos que desplazarnos al menos varios kilómetros para encontrar algo de civilización. Nos quedamos quietas por un segundo evaluando la situación y pronto la risilla nerviosa dio lugar a la carcajada más sonora. No recuerdo bien quién apuntó el comentario más inteligente hasta el momento: «¡Hay que tajarse!».

Hoy, muchos días después de la gesta, diré que las agujetas merecen la pena, que el panorama desolador de la llegada se deja atrás con la compañía adecuada y que ir al descenso sin enfrentarse al Sella no tiene sentido.

2 comentarios:

  1. Lo que hubiéra pagado por verte. JA JA JA

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  2. Fue un poco cuadro, la verdad, pero nos reímos que era lo importante! Qué tal las vacaciones? Se te echa de menos por la radio!

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